martes, 19 de noviembre de 2013

VACACIONES ESTIVALES CON CADENCIAS OTOÑALES

(Primera parte)


Perdonen nuestros lectores la metamorfosis de mi blog convertido en pseudo-diario íntimo. Las memorias no son siempre relatos de recuerdos de antaño, sino también comunicación de sentimientos y vivencias recientes.

Las vacaciones de verano del 2013 (primero y último13) de mis andaduras terrenales comenzaron en Palacios un 2 de julio y concluyeron un 2 de septiembre del fatídico mal-augurador año. Dos meses justos tras un impertinente retraso, que Dios quiera no vuelva a repetirse: Antje hospitalizada en la Clínica Moncloa y el Opa con un resfriado de garganta. Si a estas incidencias añadimos la primavera gris, con una Omi “radiándose“ y un Opa operándose de cataratas, pues, como recoge el dicho popular, “apaga y vámonos”.


Acompañados de Lucila, Inés y Martín, Palacios nos recibió con un sol cegador, sofocante y asfixiante, batiendo records: tres o cuatro días acercándonos a los 40º. ¿Sería la temperatura, las circunstancias familiares, una Colina menos concurrida de lo habitual, las oscuras gafas de sol obligatorias, las causantes del retorno a la realidad insospechada, escondida tras el espejo, falso amigo, o el espejismo de la edad, en apariencia insospechable? “No sé, pero hay algo que explicar no puedo” - parafraseando al romántico Bécquer.

Los días, largos. Semejantes a las noches. Grises, aunque soleados, los primeros y, oscuras y borrascosas las últimas: el sueño, costoso de reconciliar. Los fines de semana, inmensos: de jueves a lunes. Algunos en solitario como el primero. Día y noche girando en torno al teléfono esperando noticias de Antje. Soledad atenuada con la cariñosa compañía de María José para ahuyentar los fantasmas tenebrosos de La Colina.

Nos trasladamos a la calle La Fuente de Palacios, buscando la amorosa compañía de la vecindad - Tere y Miguel Ángel - y acompañados durante los paseos nocturnos tranquilizadores de Pepita o Sure. El acogedor dormitorio de Andrés con antigua campana de cocina castellana y su claraboya-observatorio de estrellas elevó ligeramente mi decaído ánimo.

La enfermedad de Antje y vacío de la Colina fueron circunstancias que enturbiaron el rumbo veraniego. La incertidumbre del pronóstico en la Moncloa, el peso de la edad, de los años y del pasado planeando sobre la Colina y reflejados en tristes horizontes, próximos y lejanos. La evolución del pueblo y sus gentes. La transformación del campo y la campiña: amarillentas y mortecinas rastrojeras deshabitadas, bostezando aburrimiento, los oscuros pinares de los Cerracines, las pacientes, tristes y serias - este año frondosas - encinas clamando compañía animal o humana.

A mediados mes llegó la necesitada y ansiada compañía de Emma-Juan. Se hizo la luz. Efímera ante los inminentes acontecimientos, pero graciosamente animada por los coristas de los Peñascales, Juande, Manolo e Inma, quienes dieron sabor a la parrillada y a la velada de despedida, con el humor del charro Manolo, rememorando historietas y batallas de niñez y juventud en nuestra Salamanca.

También inolvidable el reencuentro con la Tante Lola y el Onkel Pepe en Salamanca .La cariñosísima Tante, que telefoneaba y rezaba diariamente por Antje, como otras(os) amigas(os) creyentes, para que todo resultase bien. La fe mueve montañas. Los aperitivos cinco estrellas en un bar de la calle Zamora y el humor característico e insuperable del Onkel (ejemplar siempre su filosofía y postura modélicas ante los achaques) fueron reconfortante remedio para mi alicaída moral.

Y la casi institucionalizada visita de Paloma, casi una más de la familia, Jorge, siempre dispuesto a echar una mano en lo que sea, Iván, mi pequeño gran amigo y su hermanita Ángela, llegan a la Colina para aligerarnos del peso del verano con dejes otoñales, ya que anuncian de nuevo el vacío de la Colina por otra semanita.

El 22 de julio queda especialmente registrado en mi memoria: la operación de Antje: sol tibio las primeras horas del día, atardecer lento y fresco. Las primeras noticias son satisfactorias, pero quedamos a la espera del resultado de la biopsia.

Inesperada y terapéutica la visita de Xili-Jesús. Los quijotescos molinos de viento en los altozanos de la raya norte giraban incansables y desafiantes. Bocanadas de aire fresco. El teléfono cambia de tono. No todo son penas y pesares. La vigorosa y recuperada, siempre cordial y animosa, voz de Jesús anunciando su visita desde Golpejas cambió la película ya en la antevíspera. Xili con su dulce sonrisa de oro y su placentera y contagiosa bondad, Jesús con su bromista entusiasmo y su bonhomía, y Emma y Juan con su exquisita merienda, marca de la casa, en la quietud acogedora de sus tenadas, curaron por algunos días nuestra melancolía y nos contagiaron de su positiva firmeza y animosidad.

Lucila, Joseba, Inés y Martín regresan, reanimando y revitalizando nuevamente La Colina. Antje débil y encamada y todavía con dieta total, se recupera poco a poco: los besos y abrazos de madre y hermana pequeña sirvieron de medicamento reconstituyente y reconfortante.

 “Dejemos hablar al viento” (J.C. Onetti) ¡Dejemos cantar a los pájaros! Jugar, corretear y gritar a los niños. Chapotear y regocijarse en la piscina, Martín con su tranquilo y bonachón amigo Marcos, filósofo en ciernes, Inés bailoteando con su amiga Carla en todas partes. Contemplemos el desfile de las nubes, la belleza y magnificencia de los gigantescos cúmulos por oriente y occidente agrandada y esclarecida con mis nuevos cristales de aumento. Mas, no podemos cambiar su rumbo. Ni el susurro del viento. Ni regular el lenguaje de las aves. Los pájaros interrumpen sus trinos entrado el verano con el cambio de sus plumas y el silencio se enseñorea de los bosques y los campos. Las puestas de sol persistían este mes en su nostálgica belleza. El resplandor de la luna se tornaba más pálido. Pero al día siguiente el sol se levantaba brillante y estimulante por levante anunciando la continuidad de la vida.
Algunos días y la mayoría. Las horas transcurren lentas y los días… suma de contradicciones. Como la vida misma. Conjunto de sombras y luces. De estas últimas dan testimonio “El Huerto”, bálsamo de esperanza y entretenimiento y “La Viña”, sanatorio de mente y cuerpo.

lunes, 28 de octubre de 2013

EL ALEMÁN NO ES DIFÍCIL

Repertorio de curiosidades, dichos y decires


La familia González-Herrero (y vástagos) influenciada por suerte y gracia del destino por la lengua y cultura germanas, muestra frecuentemente influencias y herencias de hábitos y costumbres, modismos y ocurrencias relacionados con el alemán y los alemanes. Compartimos experiencias inolvidables, durante nuestra estadía en las Germanias, con los españoles que huyeron en desbandada de la primera “gran crisis”, la masiva emigración del plan Ullastres de estabilización económica de hace medio siglo. El presente capítulo, por Antje sugerido y solicitado, va a ella dedicado como terapia. Con la ferviente esperanza de endulzar y acelerar su total recuperación postoperatoria. En él se ofrece una breve recapitulación de "teorías" lingüísticas, dichos y hechos, invenciones y creación de palabras y palabrejas, con el fin también de regocijar o refocijar, que diría Cervantes, a los hispanos germano-parlantes y a los afortunados alemanes conocedores del castellano.

Aconteció en los albores de la década de los sesenta del siglo pasado, cuando la Alemania del resurgimiento era el Dorado de trabajadores huéspedes españoles e italianos, ( traducción literal de Gastarbeiter… ¡qué finamente hilaban ya en aquel entonces los políticos alemanes!). A las oficinas de la Karitasverband de Frankfurt, donde voluntariamente cooperaba en algunas de mis tardes libres como asesor polivalente, acudía ese día uno de tantos compatriotas desorientados, quien, para más Inri, procedía de la universitaria ciudad del Tormes, según demostraría más tarde como genial gramático, siguiendo las huella de su inmortal paisano Antonio Nebrija.

A la consabida y obligatoria pregunta: -¿Qué tal te defiendes con el alemán?- contestó categóricamente y sin titubeos: -¡Muy bien! No tengo problemas. Porque, bien sabrá usted que todas las lenguas son iguales. Lo que pasa es que, como los humanos somos tan tontos, en cada país cambiamos el nombre de las cosas.

Ante mi colosal extrañeza, apaciguó mis dudas con los siguientes ejemplos aclaratorios y con el consejo ineludible de que “había que aguzar bien el oído”. Soy consciente de que no sabía escribir ninguno de los términos de su vocabulario alemán, ni jamás los había visto escritos, ni por supuesto lo de homonimia era chino para sus alcances. Pero hete aquí su razonamiento y sus conclusiones:


Acepciones no contempladas aún por la RAE.
“Ellos llaman Messer (cuchillo) a lo que nosotros llamamos mesa. Y a nuestro broche, ese artilugio, a veces de oro, que suelen lucir las mujeres en el pecho o la solapa, ellos lo llaman Brötchen (bollo o panecillo). Kutscher (cochero) es para nosotros la cuchara. Al maldito sello de la policía, que tantos quebraderos de cabeza nos origina, ellos lo apodan Stempel, que en realidad son nuestras estampas, y eso de que a la mantequilla (Butter en alemán) la apoden como a esas de la profesión más antigua de la humanidad, ¡clama al cielo!

En relación con la afamada mantequilla alemana no puedo pasar por alto una anécdota graciosísima relacionada con la andalucita Lola: nuestra Lola, “empleada del hogar”(tampoco los políticos españoles se quedan cortos a la hora de crear palabras) en casa de unos amigos alemanes, esperaba paciente su vez en la cola de una tienda de ultramarinos con la lista de recados de la señora en la mano. De repente, escandalizada, comienza a santiguarse al oír que su antecesora de fila llama “puta” a la dependienta de la tienda. Horrorizada, cuenta lo acaecido a su señora, quien la tranquiliza aclarándole que la clienta no insultaba a la vendedora, si no que simplemente le pedía mantequilla (Butter).

Sin entender de lingüísticas ni idiomas, ni apenas leer y escribir, aplicaba teoría similar a la de su paisano, otro consultante de Los Pizarrales salmantinos, quien indignado se presenta quejumbroso en el consultorio de Caritas, al recibir en su primera paga cantidad de marcos muy inferior a lo convenido. El pobre desconocía el término impuestos e ignoraba que, ya entonces, a los solteros en Alemania el fisco les retenía un 25%. Pero, mayor sería mi sorpresa al contestar él a la pregunta de ritual que dónde trabajaba, que lo hacía en la Ortiz. “¿Ortiz?" Extrañado contesté que en Frankfurt no existía empresa alguna con ese nombre español. "¿Y qué es lo que haces?” - insistí. “Echar betún (Beton en alemán) y mortero (Mörtel) en una carretera. Es una empresa muy grande”- puntualizó. Al fin logré deducir que, efectivamente trabajaba en Hochtief, una de las multinacionales de la construcción, en la que desde hace unos años figura como gran accionista el madridista Florentino Pérez.

Otro compatriota andaluz, también “trabajador invitado”, compartía opinión con el lingüista salmantino, y no comprendía como los alemanes podían ser tan torpes, pues no le entendían cuando él hablaba alemán. Su ejemplo era elocuente: me contaba que, cuando volvía en tren del trabajo de Frankfurt a Wiesbaden, pedía al revisor un billete a “vizbadén” y el tonto del controlador no le entendía. Sin comentarios.

Pero más ingeniosa y pragmática era la interpretación lingüística de un estudiante (?) español que vagabundeaba por la metrópoli del Main sin dar golpe, sableando cigarrillos, cervezas y Würstchen y viviendo del cuento. Practicaba tesis opuesta a la de los anteriores intérpretes: "Los alemanes son tan inteligentes que entienden perfectamente el español. Por tanto, yo no me esfuerzo por aprender el tedesco". Y demostraba su filosofía con hechos: “Yo entro en un restaurante –decía- y llamo al camarero “Joroba” y el “Herr Ober” acude solícito cual tierno corderillo. Me despido a la salida con un “aféitense” y con un leve cabezazo me responde cortésmente “Aufwiedersehen”.

En este muestrario anecdótico de la creatividad lingüística popular y del enrevesado artilugio de las lenguas tienen también cabida este bloguero y su distinguida esposa. Entre sus variopintas actividades en Alemania, figuraba el de traductores, intérpretes y locutores en el estudio radiofónico paraestatal Internationes. Yo grababa, traduciendo directamente al micro de un hermoso magnetófono Telefunken, los guiones que posteriormente ambos solíamos grabar en español en el estudio para ser enviados a emisoras de radio de España e Hispanoamérica. Palmira era la encargada de pasarlos a máquina en papel, que nos proporcionaban en el estudio. En cierta ocasión, a Palmira se le había agotado el material y fue al despacho del jefe a solicitarlo. –“ Herr Antes"- tal era su curioso apellido alemán. "Ich habe keine Matratzen”- “Du armes Kind” (pobrecita mi niña!) –respondió compasivo el jefe. “Und wo willst Du denn schlafen?" (¿y dónde vas a dormir?). Palmira había confundido Matratzen (colchón) con Matritzen (papel para fotocopiadora).

Al que esto redacta le costó Dios y ayuda la pronunciación de algunas palabras, por ejemplo el adverbio “ahora” (jetzt). En la última de mis estancias de soltero en Frankfurt, en mi círculo de amigos –Peter Fromm a la cabeza- se encontraba un turco. Como todos los orientales, con habilidad y destreza en el aprendizaje de lenguas. Pero, nuestro charrito de marras no sabía todavía que en alemán no te puedes comer ninguna consonante. Yo, sin embargo me limitaba en el caso del adverbio temporal a decir “yes”, a lo que el turco burlón me respondía “nein”.

Meteduras de pata también cometía el joven profesor recién instalado en Frankfurt, muy verde todavía en la lengua de Goethe. Un anochecer lluvioso viajando con su joven esposa en su primer flamante VW (Volkswagen) por una de las principales vías del centro de la ciudad, giró a la izquierda, de buenas a primeras, por una estrecha calle de dirección prohibida. No había transitado ni 20 metros cuando un tranvía que venía de frente y una pareja de tráfico con el brazo levantado, me echaron el alto. Furioso, uno de ellos soltó tal retahíla de ininteligibles improperios, que solamente le faltó echarme la mano al cuello. El angelito del emigrante no supo sino contestar con la locución aprendida tal vez la noche anterior:” Na, und...”. A punto estuvo de coger mi “escarabajo” y a sus ocupantes y estamparlos contra la pared. El idiomatismo alemán traducido más o menos libremente equivaldría al chulesco: "Bueno, ¿ y qué?” -“Verschwinde”(desaparece)-gritó. Y gesticulando la marcha atrás, con el tranvía ya esperando como testigo, me liberó compasivo del merecido multazo. Innumerables, y a cual más graciosas, serían también las anécdotas, historietas y chascarrillos almacenados en nuestro bregar con nuestros alumnos de español y amigos hispanoparlantes.

Pero para no convertir el capítulo en interminable y peligroso ladrillo, nos despedimos de nuestros lectores varones con un aféitense y de todos ustedes con el consabido Aufwiedersehen.

viernes, 21 de junio de 2013

EL RÍO DE MI VIDA (I)

(Historias que pasaron en el Río que no pasa)


Un Barbo entra en el Guinnes de capturas históricas

Dedicado a mi primo Antonio Pedraz, a quien siempre recordaré con cariño, con quien compartí infancia y adolescencia en nuestras aventuras veraniegas de Zarapicos en casa de los abuelitos y jubilación entre viñedos y jardines de Palacios y Santiz, disfrute de paelladas y barbacoas a la sombra de copudos pinos, de cerezos, higueras o nogales, siempre acompañados de la numerosa y amorosa familia.

Aún continúa soltando coletazos en mi retina. Sintiendo sigo todavía la insospechada mansura de sus lomos en mis manos. Y a través de la magia de la memoria, alientan vivas en el recuerdo las circunstancias y pormenores de tan monumental captura.

¡El barbo más grande en mi aventurera historia pescadora! Gris oscuro el lomo. Amarillenta-blanquecina su enorme panza. Criado en las oscuras, profundas y frías aguas de un recodo del Tormes charro. Con los primeros frescores del otoño, dejaba su hábitat de los abismos, para ir a solearse en las templadas aguas de la orilla. En zona poco frecuentada por pescadores con red y barca. Tampoco era éste mi habitual territorio de pesca. Pero esa tarde, fresca, como era ya habitual a principios de septiembre, cuando las sombras de los chopos comienzan a alargarse, con mi primo Antonio Pedraz de acompañante - principiante en la materia - partíamos de la casa de los abuelitos de Zarapicos a la finca de Santibáñez a disfrutar de la aventura del baño y de la pesca.

Como me conocía de memoria una extensa parcela de las riberas de “mi” río, elegí, sopesando circunstancias temporales y espaciales, una minúscula playita de aguas remansadas y superficiales, cubiertas de espesa capa de ovas. Las escasas clareras aparecían pobladas por infinidad de minúsculas sardas, crías y larvas, que jugueteaban disfrutando a la luz del sol. Por la cuerda se saca el caldero, pensó el avezado pescadorzuelo.

La luz, la temperatura, la hora y las primeras “redadas” auguraban una maravillosa tarde de pesca. En el “fardel”, sucedáneo de costera o mochila, coleteaban ya las primeras piezas pequeñas.

De repente… en una de mis brazadas, tropiezo con un inesperado sorprendente obstáculo.¿Quién lo iba a esperar? ¡Era un colosal barbo! Nunca mi imaginación había soñado con tan preciada presa. Pero aún no había caído en mis redes. La experiencia me dictaba que había que actuar con tanta cautela como pericia.

"Antonio no te muevas".

Antonio permanecía hierático e inmóvil cual estatua pétrea ajeno a la causa del mandato. Por unos instantes me sentí como el “viejo pescador” de Hemingway. Era consciente de que si mi golpe de atrape con las dos manos no era certero, al primer coletazo desaparecería, dejándome con dos palmos de narices. Suavemente fui deslizando mis manos hacia las agallas, su punto vulnerable.

"Antonio, échame una mano".

Y Antonio bailoteaba y revoloteaba a mi alrededor sin entender palabra de la misteriosa súplica, sin saber dónde poner las manos. Instintivamente hinqué mi rodilla derecha en la resbaladiza naturaleza del cetáceo y, apresándolo con ambas manos, salí disparado hacia la arena. Con nuestro trofeo en alto, Antonio y yo, discípulo y maestro, nos sentíamos más felices que Contador recibiendo la copa del Tour en los Eliseos.



Solamente faltó el fotógrafo de turno para inmortalizar la hazaña piscícola más sobresaliente de mi peculiar carrera de “pescapeces a mano”. Afortunadamente, esta carencia queda suplida con creces por mi pintora favorita.

Los autores de tal heroicidad suspendieron automáticamente su labor y volaron más que corrieron a proclamar a cuatro vientos la noticia y a presumir de su fazaña por las calles del pueblo. Viva y multicolor pervive la estampa del dúo triunfador Antonio-Manolo, saltando alborozados pregonando, con el trofeo en alto, la victoria del siglo. Cómo, cuándo y dónde acabó sus días nuestra mansa y sumisa criaturita no consta en los anales de mi memoria. Sí recuerdo con orgullo y regocijo que vendimos nuestra mercancía, para sacar unas perrillas, a vecinas y amigas de nuestra abuelita.

También doy fe de que un servidor no le clavó el diente. Y ya que hace al caso, aprovecho la ocasión para hacer pública una de mis humanas flaquezas y rarezas: ¡Siempre antepuse el cultivo del tomate a su degustación, y siempre disfruté más pescando que saboreando lo pescado!

*NOTA: "Uno no muere mientras le recuerden". Siempre te recordaremos todos.

domingo, 9 de junio de 2013

RETROSPECTIVAS ALEMANAS VI

Frankfurt, campo de operaciones y entrenamiento


H-ojeando – con hache y sin ella- los álbumes de Alemania, en las sombras y silencios de la senectud, remansan en blanco y negro decenas y centenas de fotografías de nuestra primera cámara fotográfica (una Voigtländer). Tiernas y enternecedoras fotos del nacimiento, primeros pasos y primeros juegos de nuestras primeras hijas. Inmortales e imborrables momentos, gestos y acciones, lugares y personas -¡ hasta personajes!- que configuraron el ciclo más trascendental de nuestra profesión y de nuestras vidas.

El muchacho para todo, ya nuevo inquilino frankfurtense, hizo bueno el dicho popular: "Aprendiz de mucho maestro de nada."

A la vista del cuadro de actividades reflejado en el capítulo anterior, relatar el sinfín de anécdotas y curiosidades profesionales almacenadas en los años de prueba y aprendizaje en Alemania exigirían riachuelos de tinta. Es tal el cúmulo de sensaciones, que me encuentro perdido en el recuerdo. Me bailan nombres y lugares, me desamparan palabras, personas y personajes. Sin pensarlo ni buscarlo, Frankfurt se convirtió, de la noche a la mañana, en vivero de amistades y contactos con los que nunca soñó aquel maestro de aldea.

Especial recordatorio y agradecimiento merece la DIAG (Deutsch Ibero-Amerikanische Gesellschaft), culpable de tan fulminante ascenso social y cuna de relaciones interlinguísticas de todo tipo. Comenzando como profesor-organizador de cursos de español y actividades culturales (charlas, coloquios, presentaciones, entrevistas etc.)
El bloguero en una de sus charlas 
 
ascendí a profesor particular de élite, intérprete y traductor de personajes y directivos de toda índole. De emigrante de a pie ascendía rápidamente a emigrante de primera: con coche, teléfono y pisito amueblado en Paul Ehrlichstrasse, antigua zona residencial en la margen izquierda del Main. Y hasta con el lujazo de niñera (Haustochter) una de las cuales, la insuperable Cele, continúa en fiel amistad inseparable y en afectuoso recuerdo imborrable para nuestras hijas.

Profesor particular de élite


A la cabeza de este alumnado jet destaca el Dr. Pirkham, director general del Deutsche Bank, austriaco de refinada cortesía y ejemplar sencillez y afabilidad. Dado elegantísimo español, las clases consistían en amena conversación sobre lo divino y lo humano. El contacto persistió en Madrid donde se jubiló como director para España del Deutsche Bank. Merced a su intervención y a sus relaciones en el mundo de la banca y la diplomacia aparecieron otros alumnos de rango y alcurnia, por ejemplo: Herr von Ambró, director general de la Banca Internationale del Lavoro y de nobiliaria ascendencia austro-húngara. Persona seria, distante y cultísima, versado en historia universal. Las dos horas semanales en su despacho se basan fundamentalemnte en la lectura en voz alta de capítulos escogidos de la Historia de España de Modesto Lafuente, terreno en el que el inocente parvulillo lector se encontraba con frecuencia perdido y avergonzado. Inolvidable la seriedad con que me recibió una mañana, rogándome la suspensión de la clase. Acababa de recibir la noticia de que las tropas y tanques soviéticos ocupaban las calles de Praga, capital donde residía parte de su familia.

De diferente personalidad era Freiherr von Lobkowitz, director del Dredsner Bank en la central de Frankfurt, discípulo con destacado título, nevado bigote a lo Kaiser y de ascendencia imperial.

Sobresaliente merece en esta recapitulación el joven Dr. Joachim Lange, director de la radio y televisión de Hessen y su agraciada y atenta esposa. Cultísimos, refinados y aplicados seguían a rajatabla el método Berlitz y disfrutaban chapurreando la lengua de Cervantes, acompañados siempre de una cerveza o un vaso de bon vino del Rhin.

Del mundo de la diplomacia recuerdo la rubita y joven esposa del cónsul belga en Frankurt, pero ante todo, y sobre todos en esta parcela, el matrimonio Dettmer, él, cónsul de Guatemala e hijo de un exalcalde de Frankfurt y su mujer, heredera de la popular empresa de cosméticos Mouson Labendel mit der Postkusche. Como muestra de agradecimiento y de amistad destaca la invitación-despedida en su casa de caza en el Taunus. Un cuadro del Postkusche sigue adornando una de las paredes de nuestra casa. La amistad pervivió durante varios años, testimoniada con un encuentro último en Madrid.

Las que perduran y persisten, también y todavía, son unas corbatas – actualizadas y revividas por las veleidades de la moda - y una preciosa manta de Trevira, pionera marca en la revolución industrial textil, invención de Farbwerke Hoechst, obsequio de uno de los directores, alumno futbolero, fan del Eintracht Frankfurt, con quien tuve el honor de ver el primer encuentro de futbol televisado: la final de de la liga europea en Glasgow Eintracht- Real Madrid. Para desdicha y desconsuelo de mi anfitrión ganó el Madrid 6-3.

También de dulce recuerdo, aunque solo fuera por las riquísimas tabletas de exquisito chocolate con que me obsequiaba frecuentemente, fue el contacto profesoral con un director de Sarotti, afamada marca suiza de chocolates. Hasta el nombre y el lugar de ubicación de su acogedor chalet a 20 km de Frankfurt han desaparecido de la trastienda de la memoria histórica. No así el susto de muerte en uno de los regresos a casa una gélida, brumosa y nevada noche de invierno. Conduciendo a paso de tortuga, con el VW en primera, pude esquivar con instintivo frenazo la repentina aparición, a un palmo de mis narices, de un espectro en el centro de la carretera comarcal. El fantasmagórico peatón desapareció como por arte de magia en la oscuridad de la noche, con el pobre Manolo estático, mudo y pálido de muerte y el bravo Volskwagen con una de sus ruedas a un palmo de la cuneta.

Profesor integral en la DIAG y en la Handelsschule de Farbwerke Hoechst


La eventualidad e inestabilidad de este alumnado de élite financiera estaban aliviadas con la seguridad contractual e indefinida en los cursos diarios nocturnos en la DIAG y las clases de español en la escuela de comercio particular de Farbwerke.

La relación y listado de alumnos - amigos que pasaron por los cursos de la DIAG y por nuestra academia casera, tanto de Palmira como propios - haría interminable y soporífero el listado. Consciente además de que, las cosas sencillas son las más difíciles de describir, dedicaré solamente un breve espacio a la Farbwerke y a su escuela de formación profesional por la trascendencia y repercusión de mi amistad, aunque distante siempre acogedora y auténtica, con su director Herr Hóder ( el acento es libertad fonética para evitar malévolas analogías con el español). Entre los numerosos favores destaca por su trascendencia la consecución de nuestra última y definitiva vivienda en Alemania: un adosado en Unterliederbach, Ludwig Henslerstrasse 28, entonces novedosa construcción unifamiliar. Con la llegada de Blancaluz el reducido pisito de Frankfurt resultaba muy estrecho para seis personas. La búsqueda, sin intervención de inmobiliarias, de un hogar apropiado rayaba en la utopía. En un par de ocasiones, cuando soñábamos con tener ya el pájaro en la mano, la ilusión se desvanecía al averiguar el arrendatario que se trataba de familia con tres hijos, rompiendo el acuerdo con un lacónico “kommt nicht in Frage”(¡ ni hablar!).

Un día se nos apareció la virgen de Lourdes, en la persona de Herr Hoder. Un conocido de su empresa alquilaba un adosado a estrenar en una urbanización de las cercanías. En esta ocasión la respuesta telefónica a nuestra consabida muletilla -“ tenemos tres hijas”-,pareció llegada del cielo:- "No importa. Natural, Si no para qué iba usted a querer un adosado?"

Anecdotario aparte, no puedo pasar por alto la trascendencia de nuestra proximidad real y profesional con FWH y el director de su escuela comercial.
El bloguero de intérprete en Hoechst
Gracias a su intervención Hoechst fue campo abonado de operaciones y aprendizaje. A tal grado ascendió nuestra relación que, en cierta ocasión, hice de intérprete y traductor en una entrevista con el Director General de la famosa multinacional.

A él continúo agradeciendo el primer doblaje al español de un cortometraje publicitario en unos estudios de Marburg. También él fue promotor de mi futurible ascenso a la dirección del departamento de traductores. Sin embargo la cláusula obligatoria de solicitud de la nacionalidad alemana me sirvió de disculpa piadosa y coartada de renuncia y justificación para nuestro retorno a las España.

Pero corramos ya el telón y pongamos punto final a este capítulo que irá seguido en breve de otro que nos hablará del intérprete, traductor, editor y corresponsal.

martes, 21 de mayo de 2013

ALEMANIA, PUERTAS ABIERTAS

Caminando hacia el futuro en Frankfurt am Main


Amanecía en el Frankfurt de segunda postguerra mundial. Alboreaba en la recién nacida RFA (República Federal Alemana). El primer y anciano canciller Conrad Adenauer asentaba la primera piedra de la democracia germana y Ludwig Erhardt, el ilustre artífice del “milagro económico alemán”, ponía en marcha el cacareado “Wohlstand” (bienestar), aspiración y promesa de los políticos mundiales.

Primera navidad en solitario
La pareja fundadora-protagonista de estas semblanzas llegaba a Frankfurt tan fresca y despacito como aparece cada día la aurora mañanera. Como la tímida y madrugadora golondrina, heraldo de primaveras, buscando cobijo donde albergarse. Llegábamos a Frankfurt, estación central del corazón de Europa donde tropeles de emigrantes del suroeste de Europa descendían de los trenes de París seducidos por el boyante mercado germano. Algunos, con permiso de trabajo, la mayoría con los papeles incompletos y desordenados. Desnortados muchos, y cerradas las puertas de salida para la inmensa mayoría.

Muy pocos, los afortunados escogidos, llegábamos a Frankfurt , con visados en regla y sus puertas abiertas, como "profesor ayudante"  de español. Y comenzamos a andar. Y a callejear. Y nos asentamos en una habitación con derecho a cocina, exceptuados fines de semana y festivos. Y sin darnos cuenta, sin planos ni proyectos, nos lanzamos a soñar. A trabajar enseñando y crecer aprendiendo. Al socaire de ilusiones y esperanzas. Abrigados siempre por nuevas amistades y numerosos conocimientos. Esforzándonos por dejar poso en cada paso.

Antes del año se nos sumó Antje, nuestra primera hija. Su nombre empieza por A porque así lo aconsejaban los cánones de uno de los primeros amigos alemanes. Rápidamente, apenas un año después, escandalizados próximos y lejanos, se nos agregó Emma, también nombre germano. Al menos según la fonética (pronúnciese con una sola consonante), y justificado porque la vocal E sigue a la A. Pero, sustituyendo el Main por el Tormes, se fue a nacer en Salamanca para que su mamá estrenase el primer vuelo en un bimotor de Lufthansa.

Felices con nuestras dos primeras
Y también sin pensarlo, y sin planificarlo, una gélida, pero hermosísima, radiante y nevada noche de enero, con la luna más bella del año como testigo en el cenit, llegó Blancaluz – su nombre no precisa comentario- haciendo bueno el dicho alemán :"Alle gute Dinge sind drei"  (todas las buenas cosas son tres).

"Insieme" con Palmira, italianismo insuperable de una de sus primeras y fieles alumnas, avanzábamos en la siembra mejorando la cosecha, enseñando español y aprendiendo alemán: en casa (academia privada) y en la universidad (cursos para extranjeros). Sustituyendo el tranvía por el popular escarabajo (VW), transcurrido un par de años, Frankfurt capital, barriadas y cercanías me eran tan familiares y conocidas como la provinciana Salamanca.

El "asistente" de español, merced a la buena hoja de servicios y a buenas relaciones en el Kultusministerium de Hessen en Wiesbaden, consiguió varias renovaciones del contrato anual ascendiendo, ¡atención al titulazo!, a "Nebenamtlichelehrkraft" (profesor adjunto o semioficial secundario), desfilando por los Institutos de Enseñanza Secundaria de Frankfurt, donde el español era lengua optativa. Gratísimo recuerdo en forma de libro, dedicado y firmado, conservo de los alumnos del Goethe y de las alumnas del Bettina, y de las alumnas/os de la Ziehen y Leibniz-Schule. En ésta última y en la Bachschule (academia de lenguas), internado de lujo para señoritas en el Taunus, me sucedió y relevó el querido e insuperable Onkel Pepe, el mejor relevo y más fiel amigo del mundo.

Mas, la docencia fue una minúscula parcela en mi historial profesional frankfurtense. Siguiendo derroteros y vericuetos impensables, este correcaminos, "muchacho para todo", acabó aterrizando cual pequeño burgués, producto del "Wohlstand" alemán, en una ajardinada urbanización de adosados de Unterliederbach, con vistas al Taunus y en las inmediaciones de la autovía de Wiesbaden.

La vecindad nos acogió con simpatía y cordialidad. Superadas la sorpresa y reticencias iniciales -  cómo un emigrante, ¡¿podía permitirse ese lujazo residencial?! - remataron nuestra estancia en Alemania en una entrañable e inolvidable demostración de tristeza, la víspera de nuestro retorno definitivo a España.

Sonrían, por favor
Prueba elocuente es la foto adjunta y la amistad que Antje mantiene con una de sus amigas de cole y juegos, Cornelia. Regresábamos considerados, liberados y entrenados. Entrenamiento marcado por una serie de actividades liberales, todas ellas emparentadas, fruto del estudio y docencia de las lenguas, historia y cultura alemana y española.

En capítulos sucesivos desvelaré, aunque desordenadas y semiperdidas en el recuerdo, vivencias y aventuras profesionales de nuestra estancia en Frankfurt. Me limitaré a relatar algunas de mis experiencias y peripecias como profesor de español de élite (banqueros, políticos y diplomáticos). Traductor e intérprete privado de empresarios e ilustres directivos de multinacionales alemanas, españolas e hispano-americanas. Amén de todo tipo de ensayos y experimentos (I&D) como escritor, editor, periodista-corresponsal, charlista-presentador, locutor de radio con Palmira y Peter Fromm, peruanos y argentinos, asistente social, voluntario con inmigrantes, cofundador y subdirector del Centro Español en Frankfurt, etc.etc. Más, en el próximo capítulo.