viernes, 21 de junio de 2013

EL RÍO DE MI VIDA (I)

(Historias que pasaron en el Río que no pasa)


Un Barbo entra en el Guinnes de capturas históricas

Dedicado a mi primo Antonio Pedraz, a quien siempre recordaré con cariño, con quien compartí infancia y adolescencia en nuestras aventuras veraniegas de Zarapicos en casa de los abuelitos y jubilación entre viñedos y jardines de Palacios y Santiz, disfrute de paelladas y barbacoas a la sombra de copudos pinos, de cerezos, higueras o nogales, siempre acompañados de la numerosa y amorosa familia.

Aún continúa soltando coletazos en mi retina. Sintiendo sigo todavía la insospechada mansura de sus lomos en mis manos. Y a través de la magia de la memoria, alientan vivas en el recuerdo las circunstancias y pormenores de tan monumental captura.

¡El barbo más grande en mi aventurera historia pescadora! Gris oscuro el lomo. Amarillenta-blanquecina su enorme panza. Criado en las oscuras, profundas y frías aguas de un recodo del Tormes charro. Con los primeros frescores del otoño, dejaba su hábitat de los abismos, para ir a solearse en las templadas aguas de la orilla. En zona poco frecuentada por pescadores con red y barca. Tampoco era éste mi habitual territorio de pesca. Pero esa tarde, fresca, como era ya habitual a principios de septiembre, cuando las sombras de los chopos comienzan a alargarse, con mi primo Antonio Pedraz de acompañante - principiante en la materia - partíamos de la casa de los abuelitos de Zarapicos a la finca de Santibáñez a disfrutar de la aventura del baño y de la pesca.

Como me conocía de memoria una extensa parcela de las riberas de “mi” río, elegí, sopesando circunstancias temporales y espaciales, una minúscula playita de aguas remansadas y superficiales, cubiertas de espesa capa de ovas. Las escasas clareras aparecían pobladas por infinidad de minúsculas sardas, crías y larvas, que jugueteaban disfrutando a la luz del sol. Por la cuerda se saca el caldero, pensó el avezado pescadorzuelo.

La luz, la temperatura, la hora y las primeras “redadas” auguraban una maravillosa tarde de pesca. En el “fardel”, sucedáneo de costera o mochila, coleteaban ya las primeras piezas pequeñas.

De repente… en una de mis brazadas, tropiezo con un inesperado sorprendente obstáculo.¿Quién lo iba a esperar? ¡Era un colosal barbo! Nunca mi imaginación había soñado con tan preciada presa. Pero aún no había caído en mis redes. La experiencia me dictaba que había que actuar con tanta cautela como pericia.

"Antonio no te muevas".

Antonio permanecía hierático e inmóvil cual estatua pétrea ajeno a la causa del mandato. Por unos instantes me sentí como el “viejo pescador” de Hemingway. Era consciente de que si mi golpe de atrape con las dos manos no era certero, al primer coletazo desaparecería, dejándome con dos palmos de narices. Suavemente fui deslizando mis manos hacia las agallas, su punto vulnerable.

"Antonio, échame una mano".

Y Antonio bailoteaba y revoloteaba a mi alrededor sin entender palabra de la misteriosa súplica, sin saber dónde poner las manos. Instintivamente hinqué mi rodilla derecha en la resbaladiza naturaleza del cetáceo y, apresándolo con ambas manos, salí disparado hacia la arena. Con nuestro trofeo en alto, Antonio y yo, discípulo y maestro, nos sentíamos más felices que Contador recibiendo la copa del Tour en los Eliseos.



Solamente faltó el fotógrafo de turno para inmortalizar la hazaña piscícola más sobresaliente de mi peculiar carrera de “pescapeces a mano”. Afortunadamente, esta carencia queda suplida con creces por mi pintora favorita.

Los autores de tal heroicidad suspendieron automáticamente su labor y volaron más que corrieron a proclamar a cuatro vientos la noticia y a presumir de su fazaña por las calles del pueblo. Viva y multicolor pervive la estampa del dúo triunfador Antonio-Manolo, saltando alborozados pregonando, con el trofeo en alto, la victoria del siglo. Cómo, cuándo y dónde acabó sus días nuestra mansa y sumisa criaturita no consta en los anales de mi memoria. Sí recuerdo con orgullo y regocijo que vendimos nuestra mercancía, para sacar unas perrillas, a vecinas y amigas de nuestra abuelita.

También doy fe de que un servidor no le clavó el diente. Y ya que hace al caso, aprovecho la ocasión para hacer pública una de mis humanas flaquezas y rarezas: ¡Siempre antepuse el cultivo del tomate a su degustación, y siempre disfruté más pescando que saboreando lo pescado!

*NOTA: "Uno no muere mientras le recuerden". Siempre te recordaremos todos.

domingo, 9 de junio de 2013

RETROSPECTIVAS ALEMANAS VI

Frankfurt, campo de operaciones y entrenamiento


H-ojeando – con hache y sin ella- los álbumes de Alemania, en las sombras y silencios de la senectud, remansan en blanco y negro decenas y centenas de fotografías de nuestra primera cámara fotográfica (una Voigtländer). Tiernas y enternecedoras fotos del nacimiento, primeros pasos y primeros juegos de nuestras primeras hijas. Inmortales e imborrables momentos, gestos y acciones, lugares y personas -¡ hasta personajes!- que configuraron el ciclo más trascendental de nuestra profesión y de nuestras vidas.

El muchacho para todo, ya nuevo inquilino frankfurtense, hizo bueno el dicho popular: "Aprendiz de mucho maestro de nada."

A la vista del cuadro de actividades reflejado en el capítulo anterior, relatar el sinfín de anécdotas y curiosidades profesionales almacenadas en los años de prueba y aprendizaje en Alemania exigirían riachuelos de tinta. Es tal el cúmulo de sensaciones, que me encuentro perdido en el recuerdo. Me bailan nombres y lugares, me desamparan palabras, personas y personajes. Sin pensarlo ni buscarlo, Frankfurt se convirtió, de la noche a la mañana, en vivero de amistades y contactos con los que nunca soñó aquel maestro de aldea.

Especial recordatorio y agradecimiento merece la DIAG (Deutsch Ibero-Amerikanische Gesellschaft), culpable de tan fulminante ascenso social y cuna de relaciones interlinguísticas de todo tipo. Comenzando como profesor-organizador de cursos de español y actividades culturales (charlas, coloquios, presentaciones, entrevistas etc.)
El bloguero en una de sus charlas 
 
ascendí a profesor particular de élite, intérprete y traductor de personajes y directivos de toda índole. De emigrante de a pie ascendía rápidamente a emigrante de primera: con coche, teléfono y pisito amueblado en Paul Ehrlichstrasse, antigua zona residencial en la margen izquierda del Main. Y hasta con el lujazo de niñera (Haustochter) una de las cuales, la insuperable Cele, continúa en fiel amistad inseparable y en afectuoso recuerdo imborrable para nuestras hijas.

Profesor particular de élite


A la cabeza de este alumnado jet destaca el Dr. Pirkham, director general del Deutsche Bank, austriaco de refinada cortesía y ejemplar sencillez y afabilidad. Dado elegantísimo español, las clases consistían en amena conversación sobre lo divino y lo humano. El contacto persistió en Madrid donde se jubiló como director para España del Deutsche Bank. Merced a su intervención y a sus relaciones en el mundo de la banca y la diplomacia aparecieron otros alumnos de rango y alcurnia, por ejemplo: Herr von Ambró, director general de la Banca Internationale del Lavoro y de nobiliaria ascendencia austro-húngara. Persona seria, distante y cultísima, versado en historia universal. Las dos horas semanales en su despacho se basan fundamentalemnte en la lectura en voz alta de capítulos escogidos de la Historia de España de Modesto Lafuente, terreno en el que el inocente parvulillo lector se encontraba con frecuencia perdido y avergonzado. Inolvidable la seriedad con que me recibió una mañana, rogándome la suspensión de la clase. Acababa de recibir la noticia de que las tropas y tanques soviéticos ocupaban las calles de Praga, capital donde residía parte de su familia.

De diferente personalidad era Freiherr von Lobkowitz, director del Dredsner Bank en la central de Frankfurt, discípulo con destacado título, nevado bigote a lo Kaiser y de ascendencia imperial.

Sobresaliente merece en esta recapitulación el joven Dr. Joachim Lange, director de la radio y televisión de Hessen y su agraciada y atenta esposa. Cultísimos, refinados y aplicados seguían a rajatabla el método Berlitz y disfrutaban chapurreando la lengua de Cervantes, acompañados siempre de una cerveza o un vaso de bon vino del Rhin.

Del mundo de la diplomacia recuerdo la rubita y joven esposa del cónsul belga en Frankurt, pero ante todo, y sobre todos en esta parcela, el matrimonio Dettmer, él, cónsul de Guatemala e hijo de un exalcalde de Frankfurt y su mujer, heredera de la popular empresa de cosméticos Mouson Labendel mit der Postkusche. Como muestra de agradecimiento y de amistad destaca la invitación-despedida en su casa de caza en el Taunus. Un cuadro del Postkusche sigue adornando una de las paredes de nuestra casa. La amistad pervivió durante varios años, testimoniada con un encuentro último en Madrid.

Las que perduran y persisten, también y todavía, son unas corbatas – actualizadas y revividas por las veleidades de la moda - y una preciosa manta de Trevira, pionera marca en la revolución industrial textil, invención de Farbwerke Hoechst, obsequio de uno de los directores, alumno futbolero, fan del Eintracht Frankfurt, con quien tuve el honor de ver el primer encuentro de futbol televisado: la final de de la liga europea en Glasgow Eintracht- Real Madrid. Para desdicha y desconsuelo de mi anfitrión ganó el Madrid 6-3.

También de dulce recuerdo, aunque solo fuera por las riquísimas tabletas de exquisito chocolate con que me obsequiaba frecuentemente, fue el contacto profesoral con un director de Sarotti, afamada marca suiza de chocolates. Hasta el nombre y el lugar de ubicación de su acogedor chalet a 20 km de Frankfurt han desaparecido de la trastienda de la memoria histórica. No así el susto de muerte en uno de los regresos a casa una gélida, brumosa y nevada noche de invierno. Conduciendo a paso de tortuga, con el VW en primera, pude esquivar con instintivo frenazo la repentina aparición, a un palmo de mis narices, de un espectro en el centro de la carretera comarcal. El fantasmagórico peatón desapareció como por arte de magia en la oscuridad de la noche, con el pobre Manolo estático, mudo y pálido de muerte y el bravo Volskwagen con una de sus ruedas a un palmo de la cuneta.

Profesor integral en la DIAG y en la Handelsschule de Farbwerke Hoechst


La eventualidad e inestabilidad de este alumnado de élite financiera estaban aliviadas con la seguridad contractual e indefinida en los cursos diarios nocturnos en la DIAG y las clases de español en la escuela de comercio particular de Farbwerke.

La relación y listado de alumnos - amigos que pasaron por los cursos de la DIAG y por nuestra academia casera, tanto de Palmira como propios - haría interminable y soporífero el listado. Consciente además de que, las cosas sencillas son las más difíciles de describir, dedicaré solamente un breve espacio a la Farbwerke y a su escuela de formación profesional por la trascendencia y repercusión de mi amistad, aunque distante siempre acogedora y auténtica, con su director Herr Hóder ( el acento es libertad fonética para evitar malévolas analogías con el español). Entre los numerosos favores destaca por su trascendencia la consecución de nuestra última y definitiva vivienda en Alemania: un adosado en Unterliederbach, Ludwig Henslerstrasse 28, entonces novedosa construcción unifamiliar. Con la llegada de Blancaluz el reducido pisito de Frankfurt resultaba muy estrecho para seis personas. La búsqueda, sin intervención de inmobiliarias, de un hogar apropiado rayaba en la utopía. En un par de ocasiones, cuando soñábamos con tener ya el pájaro en la mano, la ilusión se desvanecía al averiguar el arrendatario que se trataba de familia con tres hijos, rompiendo el acuerdo con un lacónico “kommt nicht in Frage”(¡ ni hablar!).

Un día se nos apareció la virgen de Lourdes, en la persona de Herr Hoder. Un conocido de su empresa alquilaba un adosado a estrenar en una urbanización de las cercanías. En esta ocasión la respuesta telefónica a nuestra consabida muletilla -“ tenemos tres hijas”-,pareció llegada del cielo:- "No importa. Natural, Si no para qué iba usted a querer un adosado?"

Anecdotario aparte, no puedo pasar por alto la trascendencia de nuestra proximidad real y profesional con FWH y el director de su escuela comercial.
El bloguero de intérprete en Hoechst
Gracias a su intervención Hoechst fue campo abonado de operaciones y aprendizaje. A tal grado ascendió nuestra relación que, en cierta ocasión, hice de intérprete y traductor en una entrevista con el Director General de la famosa multinacional.

A él continúo agradeciendo el primer doblaje al español de un cortometraje publicitario en unos estudios de Marburg. También él fue promotor de mi futurible ascenso a la dirección del departamento de traductores. Sin embargo la cláusula obligatoria de solicitud de la nacionalidad alemana me sirvió de disculpa piadosa y coartada de renuncia y justificación para nuestro retorno a las España.

Pero corramos ya el telón y pongamos punto final a este capítulo que irá seguido en breve de otro que nos hablará del intérprete, traductor, editor y corresponsal.

martes, 21 de mayo de 2013

ALEMANIA, PUERTAS ABIERTAS

Caminando hacia el futuro en Frankfurt am Main


Amanecía en el Frankfurt de segunda postguerra mundial. Alboreaba en la recién nacida RFA (República Federal Alemana). El primer y anciano canciller Conrad Adenauer asentaba la primera piedra de la democracia germana y Ludwig Erhardt, el ilustre artífice del “milagro económico alemán”, ponía en marcha el cacareado “Wohlstand” (bienestar), aspiración y promesa de los políticos mundiales.

Primera navidad en solitario
La pareja fundadora-protagonista de estas semblanzas llegaba a Frankfurt tan fresca y despacito como aparece cada día la aurora mañanera. Como la tímida y madrugadora golondrina, heraldo de primaveras, buscando cobijo donde albergarse. Llegábamos a Frankfurt, estación central del corazón de Europa donde tropeles de emigrantes del suroeste de Europa descendían de los trenes de París seducidos por el boyante mercado germano. Algunos, con permiso de trabajo, la mayoría con los papeles incompletos y desordenados. Desnortados muchos, y cerradas las puertas de salida para la inmensa mayoría.

Muy pocos, los afortunados escogidos, llegábamos a Frankfurt , con visados en regla y sus puertas abiertas, como "profesor ayudante"  de español. Y comenzamos a andar. Y a callejear. Y nos asentamos en una habitación con derecho a cocina, exceptuados fines de semana y festivos. Y sin darnos cuenta, sin planos ni proyectos, nos lanzamos a soñar. A trabajar enseñando y crecer aprendiendo. Al socaire de ilusiones y esperanzas. Abrigados siempre por nuevas amistades y numerosos conocimientos. Esforzándonos por dejar poso en cada paso.

Antes del año se nos sumó Antje, nuestra primera hija. Su nombre empieza por A porque así lo aconsejaban los cánones de uno de los primeros amigos alemanes. Rápidamente, apenas un año después, escandalizados próximos y lejanos, se nos agregó Emma, también nombre germano. Al menos según la fonética (pronúnciese con una sola consonante), y justificado porque la vocal E sigue a la A. Pero, sustituyendo el Main por el Tormes, se fue a nacer en Salamanca para que su mamá estrenase el primer vuelo en un bimotor de Lufthansa.

Felices con nuestras dos primeras
Y también sin pensarlo, y sin planificarlo, una gélida, pero hermosísima, radiante y nevada noche de enero, con la luna más bella del año como testigo en el cenit, llegó Blancaluz – su nombre no precisa comentario- haciendo bueno el dicho alemán :"Alle gute Dinge sind drei"  (todas las buenas cosas son tres).

"Insieme" con Palmira, italianismo insuperable de una de sus primeras y fieles alumnas, avanzábamos en la siembra mejorando la cosecha, enseñando español y aprendiendo alemán: en casa (academia privada) y en la universidad (cursos para extranjeros). Sustituyendo el tranvía por el popular escarabajo (VW), transcurrido un par de años, Frankfurt capital, barriadas y cercanías me eran tan familiares y conocidas como la provinciana Salamanca.

El "asistente" de español, merced a la buena hoja de servicios y a buenas relaciones en el Kultusministerium de Hessen en Wiesbaden, consiguió varias renovaciones del contrato anual ascendiendo, ¡atención al titulazo!, a "Nebenamtlichelehrkraft" (profesor adjunto o semioficial secundario), desfilando por los Institutos de Enseñanza Secundaria de Frankfurt, donde el español era lengua optativa. Gratísimo recuerdo en forma de libro, dedicado y firmado, conservo de los alumnos del Goethe y de las alumnas del Bettina, y de las alumnas/os de la Ziehen y Leibniz-Schule. En ésta última y en la Bachschule (academia de lenguas), internado de lujo para señoritas en el Taunus, me sucedió y relevó el querido e insuperable Onkel Pepe, el mejor relevo y más fiel amigo del mundo.

Mas, la docencia fue una minúscula parcela en mi historial profesional frankfurtense. Siguiendo derroteros y vericuetos impensables, este correcaminos, "muchacho para todo", acabó aterrizando cual pequeño burgués, producto del "Wohlstand" alemán, en una ajardinada urbanización de adosados de Unterliederbach, con vistas al Taunus y en las inmediaciones de la autovía de Wiesbaden.

La vecindad nos acogió con simpatía y cordialidad. Superadas la sorpresa y reticencias iniciales -  cómo un emigrante, ¡¿podía permitirse ese lujazo residencial?! - remataron nuestra estancia en Alemania en una entrañable e inolvidable demostración de tristeza, la víspera de nuestro retorno definitivo a España.

Sonrían, por favor
Prueba elocuente es la foto adjunta y la amistad que Antje mantiene con una de sus amigas de cole y juegos, Cornelia. Regresábamos considerados, liberados y entrenados. Entrenamiento marcado por una serie de actividades liberales, todas ellas emparentadas, fruto del estudio y docencia de las lenguas, historia y cultura alemana y española.

En capítulos sucesivos desvelaré, aunque desordenadas y semiperdidas en el recuerdo, vivencias y aventuras profesionales de nuestra estancia en Frankfurt. Me limitaré a relatar algunas de mis experiencias y peripecias como profesor de español de élite (banqueros, políticos y diplomáticos). Traductor e intérprete privado de empresarios e ilustres directivos de multinacionales alemanas, españolas e hispano-americanas. Amén de todo tipo de ensayos y experimentos (I&D) como escritor, editor, periodista-corresponsal, charlista-presentador, locutor de radio con Palmira y Peter Fromm, peruanos y argentinos, asistente social, voluntario con inmigrantes, cofundador y subdirector del Centro Español en Frankfurt, etc.etc. Más, en el próximo capítulo.

lunes, 29 de abril de 2013

LA CONQUISTA de G E R M A N I A

 La Trama de la Vida, Alemania aval de una existencia


Nota preliminar: El lector que busque coherencia o concordancia en nuestro blog, lea con anterioridad al presente capítulo -si no lo ha hecho hasta ahora- los apartados relacionados con Alemania: Alemania en el Horizonte, Boda de miel y Frankfurt über Alles.

Der Römer (foto http://www.frankfurt.de)
Al curso de verano en Heidelberg y a la breve estancia en la AEG de Frankfurt siguió continuadamente, un largo periplo de varios años en la ciudad de Goethe, la etapa quizás más apasionante y atractiva, más decisiva, determinante y trascendental en mi vida. Frankfurt, además de plataforma profesional sirvió de incentivo y promoción, ampliación de horizontes y referencia obligada. Alemania es sinónimo de aptitudes y normas, rumbo y recuerdo de una pacífica batalla de sobrevivencia.

Los intrépidos navegantes Palmira-Manolo, curtidos por la experiencia y vivencias insólitas e inesperadas, cargados de recuerdos, amistades y enseñanzas, y acompañados ya de sus tres hijas mayores, aquella pareja de novios aventureros que aterrizaba en Frankfurt con poco más que lo puesto, retornaba tras años a Algorta y Deusto con el maletero de un Opel Record atiborrado de novedosos enseres domésticos alemanes, con la fuerza y energías de un pasado provechoso y aprovechado: el novato Licenciado regresaba Doctor.

La lejana Alemania, entonces todavía dividida, continúa aún irradiando nostálgica atracción.

Revivir con palabras escritas algunos de los episodios más significativos y memorables de aquella década en el extranjero es el objetivo de nuestra serie sobre Alemania. Transmitir las semblanzas de unos años y lugares, y de un mundo en las antípodas del rural y provinciano charro de nuestra juventud, es tarea difícil aunque gratificante.

Ante tan ingente distancia en el tiempo y en el espacio, hasta el dominio de la lengua, la historia y la cultura, nombres y lugares van inexorablemente languideciendo y eclipsándose en mi memoria. Pero todavía hoy, transcurrido medio largo siglo, Alemania, sus pueblos, ciudades y gentes, sus paisajes, personas y personajes continúan apareciéndose en sueños y realidades.

Para el anciano bloguero “romántico” Frankfurt con su Main, el Römer y la Hauptwache, su catedral y su Internationale Messe, el Taunus con su Feldberg y la Bachschule con el Onkel y la Tante Lola inmortalizándolos, las calles y barriadas: Unterlindau- y Paul Ehrlichstrasse (1ª y 2ª vivienda, ésta última agrandada, animada y alborozada con la llegada e incorporación de las hijas) Hoechst-Unterliederbach y su Ludwig Henslerstr., nuestra última residencia, adosado ajardinado y todo (v. foto en cap. Jardinero de familia), y numerosísimos etcéteras son mucho más que lejanos paisajes y recuerdos de la década más trascendental en la vida de una familia.

MAPA: Caída del Imperio Romano
No fue conquista, ni mucho menos, como pregona el enunciado del capítulo. A Germania solamente la conquistaron los hunos (V. mapa adjunto). Alemania no fue conquista para mí y mi familia. Fue aprendizaje y descubrimiento. Descubrir es vivir y aprender. Aprendimos a ser río marchando siempre hacia adelante. Descubrimos otra cultura y otra lengua. Conocimos otras gentes. Otros modos y modelos de vivir y convivir. Asimilamos valores valiosos, desconocidos, que pusimos en práctica y continuamos practicando. Aprendimos a conocer y amar la naturaleza y los animales. Lastimosa y vergonzante fue mi primera experiencia en este terreno. Una anécdota lo confirma:


Entre las primeras amistades en mi llegada a Frankfurt, todavía soltero, figuraba la del director de la oficina de turismo (Die Deutsche Zentrale für Fremdenverkehr), un tal Herr Möhring, personaje entrañable y cercano, pero tedesco integral. Solía invitarme a la mesa algunos fines de semana y a pasear por el Frankfurter Wald (el bosque de Frankfurt), acompañados de sus hijos. En su afán didáctico de practicar y aprender español y botánica, a cada dos por tres me torturaba con la muletilla “Wie heisst das?” (¿cómo se llama esto?). ¡Cielo santo! Para el españolito -uno más de tantos- interesado y conocedor de poco más que chopos y encinares, amapolas y malvas, todas las coníferas eran pinos y toda la floración rosas o flores. Avergonzado empecé desde entonces a interesarme, conocer y enamorarme de ese maravilloso don de la naturaleza que apodamos flora.

Copiamos también el afán viajero de los alemanes: viajar es también vivir y aprender. “El viajar ensancha la mente”, como escribió mi apreciado Octavio Paz y coincidiendo con Séneca en que la vida es “un viaje y una búsqueda”. Alemania nos abrió sus puertas de par en par.Nuestro afán no fue labrar fortuna -aunque retornamos con un pisito en Salamanca- sino ganar amistades y contactos, ensanchar y ampliar horizontes y achicar barreras. Los Pirineos se hicieron expugnables. Y nos adentramos en Europa por Irún, Roncesvalles, Canfranc o Portbou, y a Alemania por Saarbrücken o Estrasburgo.

Aprendimos y copiamos tradiciones que conservamos vivas en festejos y celebraciones familiares : La "Weihnacht" (Navidad) y los regalos del "Christkind". La "Adventskranz" (corona de adviento), y la casera "Stollen" preludiando la llegada de los imperdonables "Lebkuchen" de Nürnberg, facilitados en el sur de Europa en muchos supermercados. La "Osterhase" (liebre de pascua) era esperada con la misma ilusión que el ratoncito Pérez por los pequeños de la familia el domingo de Pascua por la mañana. Enternecedora y gozosa la tierna escena de los pequeños/as buscando los "Ostereier" (huevos de pascua) escondidos por los mayores en la hierba y arbustos del jardín o entorno de la casa.

En las prácticas reposteriles alemanas, son avezadas maestras Palmira, nuestras hijas y alguna de nuestras nietas. Los "Kuchen" y "Torten" alemanes caseros no pueden faltar en nuestras sobremesas. Y el potpourri de germanismos y muletillas alemanas son la sal y pimienta en algunos de nuestros saludos, dichos y proverbios.

Ejemplos perdurables: Gute Nacht, Vielen Dank, Danke schön, Bitte schön, Wie schön, Wiedersehen, Mein lieber Mann, Alles Gute, Tschüss, Lecker y "Leckerisimo". Und so weiter, etc., etc.

Sin pensarlo, ni casi buscarlo, alcanzamos la categoría de bilingües y Alemania acabó convertida en nuestra "zweite Heimat" (segunda patria) y retornamos a la madre patria regocijados, fortalecidos y promocionados. Con una vasta experiencia y un aprendizaje, que requerirán algunos capítulos más.

jueves, 4 de abril de 2013

MIS AUTORES FAVORITOS III:


Gabriel Miró-Juan Rulfo: Obras son amores


La cortesía de los libros permite disfrutar de la belleza del Arte de la Palabra a todas las horas del día, en todas las estaciones del año y en todas las edades y vicisitudes de la vida. Y el don de la memoria y la fantasía es premio que nos faculta para simultanear presente y pasado. Muestra de todo ello es el disfrute anual de una lectura obligatoria, cuando las mimosas, prímulas y prunos preludian la primavera y llega la pascua florida, aunque este año haya sido marzal y lluviosa.

Todos los años por estas fechas me acompaña la lectura de algunos capítulos del arrinconado novelista alicantino Gabriel Miró con sus “Figuras de la pasión”, siguiendo escrupulosamente, desde mi época estudiantil, recomendaciones agradecidas de Fernando Lázaro Carreter, ilustre profesor y maestro de Crítica literaria.

No se trata de una historia novelada o de una apología o panegírico del histórico acontecimiento, como el título induce a conjeturar, sino de un homenaje lírico a las mujeres de Jerusalén y a las tres Marías bíblicas, sobresaliendo por su belleza el dedicado a María Magdalena - y concretamente de un testimonio de amor filial del autor a la madre, a quien el novelista, agnóstico confeso, honra con la escueta dedicatoria del libro: “A mi madre, quien me ha contado muchas veces la pasión del Señor”.

“Levantaron las mujeres sus ojos al azul de la tarde y prorrumpieron en palabras de júbilo y bendiciones al Señor. Muy alto, entre Cafarnaum y Bethsaida, venia el gracioso triángulo de una bandada de grullas. Doce aves vio María Salomé… La madre de la mujer de Kefa sonrió descreídamente porque sabía que su Simón guardaba la promesa de las llaves del Reino de los Cielos. Pero pronto olvidaron sus querellas para recibir devotamente el anuncio de la llegada del Maestro y los suyos. El Señor les enviaba su mensaje con las aves del cielo porque todas las criaturas le pertenecían.

Y cuando bajaron los ojos a la tierra se les apareció un caminante entre las barcas derribadas sobre la frescura del herbazal.”

Este testimonio, y circunstancias fantasiosas, me llevaron a emparentar a Gabriel Miró con otro de mis devotos y admirados autores, el mexicano Juan Rulfo, quien no precisa presentación, pero de quien vale la pena degustar y recordar el comienzo de su Pedro Páramo, en el que la figura de la madre ocupa el maravilloso pórtico de la novela:

"Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría; pues ella estaba por morirse y yo en un plan de prometerlo todo: “no dejes de ir a visitarlo – me recomendó. Se llama de este modo y de este otro. Estoy segura de que le dará gusto conocerte”. Entonces no pude hacer otra cosa sino decirle que así lo haría…

Pero no pensé cumplir mi promesa. Hasta ahora pronto cuando comencé a llenarme de sueños, a darle vuelo a las ilusiones. Y de este modo se me fue formando un mundo alrededor de la esperanza que era aquel señor llamado Pedro Páramo, el marido de mi madre." 
Escribía Oscar Wilde: “ No es necesario tomarse toda la botella para saber a calidad del vino”. Pues para que nuestros lectores corroboren la sentencia de Oscar Wilde y agradezcamos también a Gabriel Miró, como muestra de mi devoción y admiración, la inclusión en unas Memorias del principio de su mencionada novela.


Nota suplicatoria:
A los lectores inquietos, inteligentes y atrevidos que deseen incorporarse al círculo de amigos y defensores del dúo Rulfo - Miró les recomiendo acercarse con lenta lectura preventiva al “Llano en llamas” de Rulfo (http://www.apaduques.es/Juan-Rulfo_Llano-en-llamas(1).pdf) y a saborear las agridulces "Cerezas del cementerio” de Miró, auténticas exquisiteces y delicias literarias.