lunes, 23 de junio de 2014

FOTOGRAMAS FAMILIARES ENTRAÑABLES

Historia de la génesis de una familia 

A medida que se van cerrando capítulos, pasando páginas y acumulando años, más costoso y cuesta arriba se le va haciendo a este bloguero el oficio de la pluma. Sin embargo, al relatar algunos acontecimientos y recordar fechas y momentos de lo más singulares y hermosos de mi currículum, los obstáculos se achican y las dificultades se simplifican. Tal es el caso de la llegada - ¡ya va siendo hora!- aparición y primeros pasos - años de nuestras tres primera hijas en Frankfurt o Salamanca: Antje, Emma y Blancaluz. ¡Tres eran tres! Y a diferencia de las de Elena, las tres buenas, bonitas y bien-recibidas.

Consciente de que con palabras sería incapaz de plasmar la bella realidad de los comienzos, llegada y feliz aparición de las González-Herrero, dejemos que las instantáneas que siguen sirvan de presentación oficial en sociedad: en un hospital y clínica frankfurtenses o en un hogar salmantino. 


Y como complemento y demostración de cuanto antecede, sirvan también algunas de las numerosas, bellas y cariñosas felicitaciones: muestras de afecto y simpatía de  los nuevos y leales amigos que Alemania iba regalándonos. Felicitaciones y fotos que contagian y reverdecen sentimientos de alegría que nunca mueren.




A la acelerada prisa hacia el altar, tras casi una década de interminable noviazgo, motivada por la primera “crisis laboral” de nuestra historia, siguió el inmediato apresuramiento por formar una familia. Escandalosa celeridad en la Alemania de postguerra en años de austeridad, antesala del milagro y del cacareado Wohlstand (bienestar) tedesco. La faraónica natalidad inmigratoria sureña frenaba y desaceleraba la mesurada planificación económica germana.

Después de tantos años, con la calma y serenidad de la vejez, se paladean mejor los felices años primeros de la infancia de nuestras/os hijas/os. Circunstancias y eventos que no pudimos disfrutar plenamente a su tiempo, por el maldito afán de seguridad y escalonamiento profesional.

Actas de nacimiento privadas, ingenuas y abreviadas: nombre, lugar, fecha, doctor y parte meteorológico

1. El nombre del primer(a) vástago debiera empezar por A. Teoría de amigo alemán) - 4 julio 1957 – Frankfurt/M. , Hospital zum Heiligen Geist – Dr. Niedermeier, vecino del barrio (cordial, v. foto) Ayudante del Dr. Bader) - Calor sofocante: "Hitzewelle" (ola de calor). La rubita rebelde se hizo esperar más de la cuenta. Varios días de suspense.

2. Nombre del segundo vástago, copia del nombre de los padres - 20 junio 1958 – Salamanca - Casa de los abuelitos, calle Isidro Segovia, (habitual  parto en casa) - Dr. Angel García, Prof. Univ. (apto) – El pobre padre,  exiliado y desasosegado en Alemania, esperando noticias de las Españas. Viaje de ida-vuelta Frankfurt/M- Wolfsburg (7OO kms!) sufriendo las inclemencias del comienzo de un solsticio de verano lluvioso e invernal - Corresponsal a la fábrica Volkswagen.

3. Nombre del tercer vástago, culpable: la meteorología – 15 enero 1960 – Frankfurt/M – Clínica de nombre olvidado – Dr. Bader (paternal)– Noche para románticos: en lo más alto del cenit, la lunita de enero plateando la ciudad del Main, cubierta de  histórico manto de nieve. Modesto VW con futura mamá rompiendo el silencio de la madrugada. El nombre de la neófita se le supone. 
                           



miércoles, 7 de mayo de 2014

¡88 T A C O S! = 88 P R I M A V E R A S

Ilustración de Iribú (Irene Burgos) para su abuelo
Para los suspicaces o desconfiados que sospechan que lo de “Octogenario afortunado” sea simple recurso literario, les recomiendo lectura del presente capítulo de actualidad, dedicado en primer término a familiares y amigos que me homenajearon e hicieron feliz con su presencia y sus atenciones este 17 de abril, Jueves Santo de especialísimo cumpleaños, de radiante y verde primavera, con la colina a rebosar de perfumes, luz y color: esbeltos lirios morados, arbustos cuajados de exuberantes ramilletes de lilas, manzanos y membrillos en florida exposición. Pero agradecimiento y dedicación merecen también quienes testimoniaron telefónicamente recuerdo y cariño con su felicitación desde Inglaterra, Noruega, Alemania, Corea, Mediterráneo, Majadahonda, Madrid, Salamanca etc. Omito nombres, pues, bien saben todos ellos , que ocupan lugar favorito en mi corazón.

Disculpen unos y otros, todos mis lectores, este batiburrillo y mestizaje de churras y merinas  al trocar memorias autobiográficas en divagaciones y rechiflas socio-lingüísticas. Debo aclarar que en ésta nuestra familia priman letras, lenguas y arte sobre ciencias, técnica y economías, y que las siguientes elucubraciones son fruto de las numerosas veladas, sobremesas, cafés y tertulias familiares de la Colina, en las que no puede faltar la compañía del diccionario o la enciclopedia, ni las polémicas y divertidas disertaciones y discusiones lingüísticas: etimológicas y semánticas a la cabeza. La ocurrencia de tan llamativo título merece aclaración justificatoria. Culpable de él, entre otras razones, fue un compañero de petanca quien al enterarse de mi cumpleaños y de la desorbitada pila de años, como respuesta a su pregunta – "¿Cuántos caen?", exclamó entre irónico y admirado: - "¡Ostras! - ¡88 tacos!" -  a la que correspondí  sacando pecho y tonos de tenor: "¡y vivito y coleando". Pudiera haber continuado: "Y acercando al boliche como pocos". Callé, por no pasarme de listo y por respeto … "¡Y podando y cavando. Y cortando hierba de medio metro… ¡¡Y…blogueando!!..." ¿Alguien da más con estos años y con esta chulería?
Pero algo que no  me cuadra  y continuamente ronda mi mollera noche y día: la sinonimia de "tacos" = a años. Y cuán grande sería la sorpresa al constatar que ni nuestra RAE en su diccionario de autoridades, ni enciclopedia, Internet y glosario alguno – incluido el "Glosario de lunfardo" bonaerense, obsequio y memoria permanente de nuestros queridos platenses Kitty y Roberto - recogen en el término "taco" expresión alguna vinculada a "año". En las múltiples acepciones – ¡17 nada menos! - figuran las expresiones y significados consabidos. A continuación, algunas de las más utilizadas por el hablante de la calle: "Palabra malsonante reñida con la buena educación" ( El bieneducado bloguero no ha soltado  en su vida ni media docena de tacos. ¡Inconcebibles, por tanto, los 88 del epigrafiado!  Solamente recuerdo uno en mi largo recorrido profesional: en la Complu, un par de alumnas chuchicheaban, jijeaban y molestaban ininterrumpidamente en la última fila de una clase. Al comprobar que pasaban por alto mi primera amonestación, solté un puñetazo en la mesa acompañado de un sonoro "Ya está bien ¡C.Ñ.!", palabreja  que produjo sepulcral silencio y una ola de estupefacción en la mayoría de unos rostros que no concebían tal disonancia en la boca de su respetado profesor.

"¡Qué bien sienta soltar un taco!", titulaba al respecto el brillantísimo escritor y periodista Antonio Lucas en el magazin de un diario nacional. Y también puede sentar bien "un trago de vino" (fig. y familiar) o "un regüeldo" (l. de germanías). Asimismo otra acepción es "echar y soltar un  taco" como voto o juramento según la RAE. Muy conocidos son el "taco de billar" y el "conjunto de hojas de papel superpuestas que forman el moderno calendario de pared". No sé qué entenderán los académicos por moderno calendario de pared pues, el taco que cuelga en el rinconcito de nuestra cocina y del que el Opa quita la hojita diaria a la hora del desayuno es tan viejo como Matusalén. El Taco del Mensajero (editorial bilbaína) es hoy día una antigualla que algunos nostálgicos redescubrieron hace unos años para estar al tanto del santo del día, de las fases de la luna, salida y puesta del sol, y algún que otro chascarrillo, refranes y adivinanzas y pensamientos de grades hombres, pensadores y moralistas. Me "estoy formando tal taco", igual a "lío o embrollo" que …, ¡voto a tal!, soltando tacos me he extraviado por los cerros de Úbeda de la sinonimia, de la semántica y etimologías y ya ni me cabe en la mollera cómo diablos, taco, según la RAE, pueda proceder de "atacar".

Dejemos en paz al afortunado o disparatado título del capítulo y, si los hablantes son quienes hacen el lenguaje, bienrecibida la ocurrencia de "88 tacos" por años y, tan buena  o mejor, la genialidad de los poetas computando los años por primaveras. ¡Ojalá! que las restantes sean tan verdes, floridas y hermosas como la de este 17 de abril de 2014.
Paso los bártulos y el embrollo a nuestra ilustre ilustradora Irene que con su encanto y arte pondrá  el pertinente punto final.

PS.  Aviso para navegantes : ¡ERROR GRAVÍSIMO! ¡La guinda a la tarta cumpleañera! Según crítica informativa de una de mis supervisoras,  el diccionario de la RAE en la edición actual de 2002, 22ª, recoge en su entrada 27: "taco" m. pl. coloq.- Años de edad. Tiene 20 años. ¡Mea culpa.! ¡ Imperdonable que un colega con 88 tacos continúe usando todavía la 18ª edición de 1956! Bien es que perdón merezca por tratarse de la edición del glorioso año de su boda y su partida para Alemania. 

domingo, 20 de abril de 2014

VEGAS DE MATUTE:

con el rumbo del viento a mi favor

Mapa de situación de Vegas de Matute
La historia alada de mi vida profesional, orientada a la enseñanza oficial, hoy apodada pública, comenzaba donde nunca hubiera soñado y menos imaginado. Ignoro si solicitado. El caso fue que, a la instancia-solicitud de interinidades, siguió, con inesperada prontitud, el nombramiento de maestro interino en la escuela de niños del remoto, y absolutamente desconocido, Vegas de Matute. Apartado e incomunicado pueblecito segoviano en las estribaciones meridionales del Guadarrama, a la caída de la Mujer Muerta y a los pies de los montes conocidos como Calocos. ¿Quién iba a predecir al llegar a este perdido rincón castellano que, este rinconcito sureño segoviano, de pobre agricultura y ganadería, decadentes caleras con sus hornos semiapagados y acusando ya la seductora atracción migratoria de Madrid en el horizonte, iba a ser providencial en mi futuro profesional?

Esta primera escuela sería punto de partida de mi camino profesoral, cimentado en el retiro de mi Carrascal bajo el lema de “aprender enseñando y enseñar aprendiendo” y que discurriendo por Alemania y Bilbao finalizaría en la Complutense madrileña. El reducidísimo horizonte de campanario de aldea charra se ampliaba y ensanchaba de la noche a la mañana a límites insospechados. Aprendí a ver la vida con otros ojos. Comencé a disfrutar de independencia y libertad económicas, 600 pesetas mensuales eran en aquellos tiempos un fortunón para el jovenzuelo veinteañero, a vencer miedos, superar timideces y sobreponerme a las lógicas dificultades. Especialmente las del alojamiento en una reducida, oscura, fría e inhóspita habitación con un minúsculo ventanuco. Eso sí, en el corazón de la plaza y de exclusiva propiedad, pues, era sala de la primitiva casa secular del maestro, alquilada, por la módica renta de asistencia y manutención, por consejo del alcalde a su sobrino, humilde trabajador y buena persona, casado y con un bebecito.

Vegas de Matute
VEGAS DE MATUTE
(del libro "La arquitectura gótica en la Tierra de Segovia")
Sin embargo, cuando se guarda un grato recuerdo de las cosas, es porque han valido la pena. O que se ha aprendido a ver el pasado desde el ángulo más bello de la vida: el del optimismo y la ilusión. El nuevo escenario que brindaba Vegas era, ligeramente retocado, muy similar al de Carrascal, y el ritmo de vida, el habitual en una aldea castellana. Los primeros pasos profesionales fueron lisos, llanos, y fugaces. En momento alguno escuché en el pueblo alusión o referencias a mi antecesor o antecesores en la escuela de niños, lo que hacía sospechar que no fueron mirlos blancos. La compañera en la contigua escuela de niñas,cerca ya de su jubilación, estaba acomodada al lento y aletargado discurrir del vivir pueblerino.

Para el joven principiante llegado de la remota charrería, cargado de ilusiones y ganas de buen hacer, le resultó coser y cantar ganarse el corazoncito de sus niños y la estima de padres y mayores. Incluso la de los jóvenes, al organizar las clases nocturnas, o escuela de adultos, sirviéndome de las prácticas adquiridas en Carrascal y San Pedro. En la escuela de día enseñaba a la veintena larga de rapazuelos algo más que las simples y tradicionales cuatro reglas (sumar, restar, multiplicar y dividir), rudimentos de lectura y escritura y cuatro generalidades de la enciclopedia Álvarez. Yo incluía en los recreos y tardes libres de los jueves (¿podrás imaginarte, querido lector, que en aquellos tiempos también se trabajaba los sábados?) mis “lecciones de cosas”: amor a los animales (perros, pájaros, vacas…), a la naturaleza (río, arroyo, montaña, árboles, arbustos, flores y plantas…), a los deportes (fútbol, pelota…), todas ellas con las consiguientes prácticas en la dehesa, en la plaza y plazoletas, en el frontón, en el río (inolvidable el espectáculo en una oscura covachuela poblada con centenares y hasta millares de murciélagos arracimados formando una ingente piña colgada de la roca).

Sirva el siguiente ejemplo de testimonio de una feliz experiencia que marcaría de verde ilusionador mis primeros pasos docentes  (todavía resuena en mis oídos la algarabía y alboroto en un recreo de ese día):  un grupito manteaba, cual si fuera un “sanchico”, lanzando a lo alto la chaqueta de un pequeñajo y regordete, por nombre Crescenciano, herencia de los ilustres emperadores romanos que nacieron o merodearon por estas tierras. Nuestro héroe, luchador y poseedor de una férrea voluntad, peleaba tenaz con la prueba de restar y multiplicar, mordiéndose los labios y derramando gruesos lagrimones cuando ésta se le resistía tercamente. -“¡ Bravo Crescen!¡ Qué grande eres!”- le felicité el día que consiguió el pleno. -“Cuando salgas a recreo, tiras la chaqueta por alto.” -Y el bonachón escolar y sus compinches cumplieron al pie de la letra la extrañísima felicitación de su maestro.

Foto de grupo
Después de más de una vida (¡ sesenta y pico de años!), siento todavía una inmensa gratitud hacia tres personas, que fueron quienes marcaron el nuevo y definitivo rumbo de mi vida y quienes me prepararon para vadear por libre el río de mi futuro. Lugar preeminente ocupan los médicos del lugar, D. Francisco Brandli y su esposa Dª Mercedes Matesanz (mamá con bebé en brazos en la foto). Don Paco no encajaba en el molde de “médico de aldea”.  Su exótico apellido denota su ascendencia suiza, aunque era nacido madrileño. Atendía a otros dos anejos, Valdeprado y Guijasalbas. Profesional íntegro y bien estimado, culto, leído y supereducado. Distante como buen germano. Nunca utilizaba el tuteo. Para él, como para todo el pueblo, fui siempre D. Manuel, lo que me sentaba como un tiro. A él y a su mujer, y a su hospitalidad debo las largas y animadas veladas invernales, en las que privaban la historia, la literatura y el arte. Y en las que, como buen madridista, no podía faltar el fútbol. Los fríos, apuros y amarguras eran aliviados con las continuas muestras de afecto y amistad. Ellos contribuyeron a encauzar mi vida, a preparar temas y materias para los primeros exámenes libres en la Facultas de Letras de Salamanca. El contacto pervivió durante muchos años como testimonian recíprocas visitas: la nuestra a Vegas, Palmira y tres hijas, ya a puertas de la jubilación él, en la nueva casa del médico en la afueras del pueblo, y la recíproca de la pareja a Palacios, acompañados de su hijo pequeño.

Hay una tercera persona con nombre de poeta de coplas históricas, es decir Manrique, a quien no puedo silenciar si escribo sobre Vegas de Matute. Era a primeros de mayo, cuando la florida primavera tocada de luz y color, cuando el curso declinaba y arreciaba el calor, cuando en la escuela aparece el siempre temido inspector. Mis muchachos se portaron como jabatos y pasaron la prueba con sobresaliente. Así constaba en la felicitación-informe escrito del inspector segoviano. Persona amable y afable, cordial y paternal. Sus palabras de despedida en Guijasalbas, hasta donde le acompañé para tomar el autobús de vuelta Ávila-Segovia, merecen público agradecimiento: “Siga usted estudiando. No se entierre en un pueblecillo de mala muerte”. Palabras halagadoras y estimulantes. En mi destino o en mi suerte influyeron personas cuyo nombre no recuerdo. Recuerdos vagos y desordenados en las ruinas de mi memoria. Actividades, preocupaciones juveniles y profesionales, decisiones y actuaciones, celebraciones que rebrotan al revivirlas. Vaya donde vaya y sople el viento de donde venga, al cruzar la cordillera de Guadarrama por los túneles o por los Altos de Los Leones o Navacerrada, siempre me acompañan y saludan amigables el Caloco, el Montón de Trigo, el Minguete, el Pasapán y el Pico del Oso, representantes orgullosos de la montañosa cuerda de la Mujer Muerta, sin olvidar la ermita de San Antonio del Alto del altozano en los confines de Las Navas, Vegas y Zarzuela del Monte.

Como buen romántico, llevo el paisaje escrito en la memoria y grabado en el corazón. De aquel breve espacio de tiempo -un curso completo y un cuatrimestre- rememoro: excursión a El Escorial con el curso de nocturnos, adolescentes y mozos (1ª visita al célebre monasterio). Excursión a las faldas de la Mujer Muerta con un trío de matrimonios jóvenes (padres de alumnos). Incomparable belleza la de la montaña tocada en el mes de junio de hermosa capa amarilla de aliagas y …ascensión primera a Navacerrada con un exalumno, (v. foto del impresentable alpinista en el Pico del Noruego).
Fiestas y festejos populares, debilidad insuperable del bloguero: la jota final del baile dominical de dulzaina segoviana y tambor en la plaza. Viva en mi retina la imagen de uno de mis nocturnos, hijo de un panadero, pequeño artista bailarín, saltando, brincando, irradiando con movimientos y gestos de brazos y piernas alegría y entusiasmo. Invitaciones a la fiesta del Cristo del Caloco en El Espinar y a la romería más popular y celebrada de la comarca, a la primera convidado por los padres de un alumno de la alquería de La Losa y a la segunda por la hija pequeña del alcalde.

No puedo dejar el apartado viajes históricos: Los primeros jueves de mes, viaje a la capital para cobrar. El viaje mas rentable y gastronómico. Los funcionarios -todavía no existía el ¡gran invento! de las cajas de ahorro- tenían que ir a la ciudad a recibir su soldada en metálico de manos del habilitado, tipo arrogante y distante (por algo estaba capacitado para distribuir fondos del estado). ¡Allá él con sus cuentas! El caso es que los funcionarios de pueblo disfrutábamos, una vez al mes, de la posibilidad de una visita, si no a Casa Cándido, sí a alguno de los restaurantes de Juan Bravo o la Plaza Mayor segoviana.

Y para poner fin a esta crónica, unas líneas negras sobre blanco en página gris: los viajes vacacionales de Navas a Salamanca sabíamos cómo comenzaban, con la maleta al hombro desde Vegas a Navas de San Antonio para tomar el Auto-Res Madrid-Salamanca, pero no sabíamos como acabarían. Pues, el autobús tenía la maldita costumbre de no parar en Navas cuando venía completo. Y este fue el caso en que el autobús de una tarde prenavideña pasó de largo dejando al pobre viajero con tres palmos de narices y teniendo que pernoctar en una fonda de carretera. Operación que repitió el autobusero de la mañana siguiente. Y para llegar a Salamanca no le quedó otro remedio al pobre maestro de Navas que cargar la maleta de madera al hombro y caminar varios kilómetros hasta Villacastín, para allí tomar el coche de línea Segovia-Ávila y empalmar con el tren-burra Madrid-Salamanca.

Y… colorín colorado. Para aventuras y cuentos, basta hurgar en el pasado!

lunes, 24 de marzo de 2014

PALACIOS DEL ARZOBISPO II

Lo que va de Ayer a Hoy

Nada ni nadie es como fue ni será como es. La memoria funciona por asociaciones y también por contrastes, según sentenció hace siglos Aristóteles. La historia de Palacios, como la de todos los pueblos, va inexorablemente vinculada a la evolución y el desarrollo. La implacable sucesión de generaciones deja sus huellas y trasmite su impronta. Cada generación hace entrega de llaves y riendas a los que le suceden. Cada época ve las cosas desde su punto de vista. ¡Hasta las palabras cambian de significado y vigencia con el devenir de los años!

El Ayer del enunciado equivale a un largo pasado, a la segunda mitad del siglo XX, y el Hoy, al presente de lo que llevamos de siglo. Palacios es, para este fiel “hijo adoptivo”, sinónimo y símbolo de pueblo, personas, paisajes queridos: de familia y amistades. Con luces y sombras como la vida misma.

No voy a detenerme en la historia y significado del pomposo topónimo de Palacios del Arzobispo, menos encomiable y más emborronado de lo que el corazón y las leyendas medievales y renacentistas dictan. La interpretación más convincente y fidedigna, hasta hoy día, sobre el nombre y los orígenes de nuestro pueblo es la recogida por nuestro paisano, gran lingüista y estimado compañero, Ignacio Coca, en su brillantísima, concienzuda y meticulosamente documentada tesis doctoral: “Toponimia de la Ribera de Cañedo”.

Lo que va de Ayer a Hoy es distancia muy difícil de calibrar en el tiempo y en el espacio. Como suele ocurrir en la realidad y en la propia vida, todo es del color del cristal con que se mire o de la vara con que se mida. A los ancianos nos acompaña siempre, cual perrito faldero, la maltrecha memoria, la melancolía y la nostalgia, manantial no siempre de aguas cristalinas. Pero, al menos, nos sirve de refugio en insomnios y duermevelas. Cuando a mediados del pasado siglo, llegaba por primera vez a Palacios, arrastrado por la seductora e invencible fuerza del amor un veinteañero estudiante de una aldea perdida del otro lado del río, Palacios del Arzobispo no figuraba en mis conocimientos históricos ni geográficos. A pesar de haber sido siempre la Geografía asignatura preferencial. El recuerdo de mis primeras escapadas a Palacios a “ver la novia”, en bicicleta o a caballo, es uno de los más dulces y gratos recuerdos de juventud (ver el capítulo “Noviazgo a la antigua usanza”). Debo hacer saber, aunque la mayoría de mis lectores no lo precisen, que la dulcinea de mis amores era una seductora rubita, que aún no frisaba los veinte y que, además de por su nombre, solía llevar por sus encantos la palma en el pueblo. Baste ello para justificar el asentamiento de Palacios en mi corazón y, para que el Palacios de Ayer continúe bailando en mis ojos y armonizando mis oídos, haciendo bueno el verso del poeta de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”.

Se trata de un Ayer resucitado desde una perspectiva idílica, romántica y sentimental. Añoranza de ausencias y pérdidas irreparables: personas, personajes y pájaros. Fiestas y festejos, costumbres y tradiciones. Olores, colores y sabores. Ruidos, sonidos, melodías. Plaza y plazuelas, calles y casas, inmortalizadas en La Colina, nuestro refugio y paraíso.


¡Cómo ha cambiado el pueblo! ¡Y cómo han cambiado el tiempo y los tiempos! Antaño, el ciclo de las estaciones marcaba el ritmo de la vida del pueblo y sus moradores. El tiempo se contaba por fiestas convertidas en tópicos. Solíamos soñar y decir:” Por San Juan o el Ofertorio, para Navidad o Semana Santa, San José o Los Santos…”, “cuando llueva o cambie el tiempo”, “cuando amanezca o se ponga el sol”, “pa” la primavera o el verano”… y otros muchos coloquialismos. Hoy, sin embargo, priorizan el finde, las vacaciones o las fiestas de la Asociación. El Hoy es como la cara y cruz de una moneda: vacío y desértico en invierno, animado y colmado en verano. Perduran y florecen algunas costumbres y hábitos y envejecen y mueren otras. La imagen de pobreza y abandono de hace medio siglo: sin agua corriente, ni teléfono, barrizales, atolladeros y pedruscos, boñigas y cagarrutas del ganado alfombrando las calles al cruzar el pueblo en todas direcciones, contrasta con la estampa moderna presente: calles limpias y asfaltadas, nuevas y confortables viviendas modernas. Y, una plaza con rango de “Mayor”, escoltada por la monumental iglesia – sin parangón en la comarca, magníficamente restaurada. Aunque sus campanas vayan enmudeciendo: el toque diario a misa y a la oración, el alegre repiqueteo festivo todos los domingos pertenece ya al pasado. En esta plaza. Ayer, dormitorio a la luz de las estrellas, maloliente y sin barrendero, y zona de ordeño de la desaparecida cabrada del pueblo. Hoy corazón y orgullo de pequeños y mayores, siempre presidida por la centenaria, legendaria y acogedora morera. Siempre animada. Vida y ajetreo a la par. Sosiego y reencuentro. Dos bares de categoría urbana con aperitivos de primera. Hermoseada con el verdor de ailantos, catalpas, acacias y enhiestos chopos, vigilantes del moderno frontón multiusos, de descabellada ubicación que rompe la simpar panorámica del pueblo desde el cementerio y carretera de Ledesma, borrando también el amplio horizonte charro que se disfrutaba a la salida de la iglesia.

El horizonte de campanario se nos presenta hoy día agrandado y embellecido: con amplios y frondosos pinares, sugestivos y exóticos molinos, enormes besanas de verdes trigales en los desparecidos minifundios, hermosas, lustrosas y numerosas vacadas de limusinas y charolesas en bien cuidadas y cercadas parcelas y granjas. Mas, todo en la vida tiene su precio: con las naves del ganado en el campo hemos perdido los corrales donde los humanos convivíamos con los animales. Y con ellos se fueron el balido de cabras y ovejas, el bramido y mugido de las reses y el rebuzno de los équidos. Y con la desaparición del gallinero se nos fue el canto del gallo, el despertador de las madrugadas y el harén de sus gallinitas salpicando de vida y colorido la calle, en primavera acompañada siempre del enjambre de sus polluelos; o anunciando, a media mañana, las presuntuosas ponedoras con su cacareante “¡car car carponer!” que habían puesto un huevo. Este nostálgico echa también de menos el ladrido de los perros, el amigo más fiel del hombre, el guardián del ganado, de la casa y de la calle. ¡La calle era de todos! compartiendo jornadas personas y animales.

El pueblo era un escaparate de tradiciones: bodas y bautizos - esporádicos y espaciadísimos hoy día-, manifestaciones de entrañable contenido social y familiar: la matanza o el mondongo; o festivo y cultural: el baile agarrao en la plaza al son de la gaita y el tamboril hasta el toque de la oración; o en el salón de Clemente –un avanzado paso hacia la modernidad. Graciosísimo era también el ritual del “se fía” para cambiar de pareja femenina o solicitar el “acompañamiento” a una moza hasta la esquina de la calle de su casa. Proceso que, repetido, concluiría en noviazgo y, ya en fase avanzada, en la puerta de la casa de la novia, donde tenía lugar el famoso “pelar la pava”. El “entrar en casa” era triunfal y solemne prolegómeno que concluiría llevando a la moza al altar.

Acarreo de los haces a la era - Foto de Palmira Herrero
De oficios desaparecidos, la mayoría vinculados al campo y a las estaciones, un montón para relatar. Los relacionados con la cosecha: el larguísimo y penoso trabajo desde el barbecho, la siembra y la aricada a la escarda, la siega, el acarreo, la trilla y todo el mayúsculo espectáculo de las populares eras. La llegada de la máquina arrinconó para siempre a la ayuda insuperable del carro, las aguaderas o los serones, o la insustituible colaboración de la sufridora yunta o la pareja de bóvidos o equinos. Desde el observatorio impagable de mi memoria, disfruto todavía de la medieval escena del retorno al anochecer de los segadores y atiñas al pueblo, gallegos en gran parte, animosos y alegres, cantando después de una inhumana jornada de sol a sol, cuando no existían derechos laborales ni se nos había impuesto el absurdo cambio de hora oficial, y el sol se levantaba a las cinco de la mañana en el mes de julio para ocultarse después de las ocho de la tarde. Con la revolución industrial, el tractor, la furgoneta y la sofisticada maquinaria (cosechadora= segadora, limpiadora, empacadora, todo en una) ha cambiado el ritmo y el rumbo de las labores agrícolas-ganaderas. 

Sepultando herramientas y aperos del pasado: el arado, el yugo y las coyundas- el tranquilo y pacífico caminar de la yunta uncida al arado, al carro o al trillo – el bieldo, etc., han rematado en nostálgicas piezas de museo. Y también afortunadamente ha pasado a la historia la figura del campesino esclavo del campo y sus circunstancias: aquel personaje minusvalorado, “mirando medio día al cielo y otro medio encorvado mirando a la tierra”. 

La modernización también arrasó lugares emblemáticos: las fraguas hoy modernos talleres, la vieja tienda-estanco y taberna hoy flamante comercio de todo y para todos y modernos bares, la fuente del lugar- clamando justicia- el molino, las escuelas – que fueron dos, la de niñas y la de niños-, todos ellos centros de reunión, de atracción y distracción de mayores y pequeños. Mas, echemos cerrojo al pasado y abramos la puerta al presente.

Surgió, es cierto, el sucedáneo de la farmacia, el consultorio médico, el nuevo ayuntamiento, el actual y lujoso mesón La Plaza con su acogedora terraza, y su ajardinado, cuidado y moderno entorno. Avances sociales y regocijantes que no han servido para paliar la endémica y contagiosa despoblación. Durísimo golpe de gracia al devenir de los pueblos, consecuencia inevitable de la emigración, fue la diáspora de los funcionarios tradicionales, antiguos vecinos del lugar: el cura, el maestro, el médico y el secretario. Las autoridades, pilares del municipio.

La Plaza Mayor - Foto de Miguel Angel García
Como compensación, se respira en el pueblo y en el término entero un aire de desarrollo e innovación a todos los niveles. Caminos transitables, limpias y recuperadas cunetas, carreteras con carteles de tráfico bien señalizados, iluminación nocturna espectacular de la iglesia prestando al pueblo, desde la lejanía, una imagen de poblado histórico castellano. 

De destacar de manera singular es el significado y trascendencia de la “Asociación la Morera”. La “Fiesta de la Asociación” convierte el pueblo en veraneo predilecto para los hijos del pueblo, residentes y foráneos, disfrutando en el mes de agosto de diversidad de festejos y celebraciones, diversiones y distracciones y soñados reencuentros.

Es cierto que para algunos hay más poesía en lo primitivo que en lo moderno. Irrecuperables son del Ayer: la tertulia familiar al amor de la lumbre, el corrillo de mujeres cosiendo o tejiendo a la solana o en la sombra de un cumbre alto, o de los vecinos(as) en la calle al fresco en las sofocantes noches de verano. También entrañable era la estampa del abuelito somnoliento, apoyado en su cachaba, meditando en el poyo de la puerta. Pero contentémonos y aprendamos a sacar brillo a nuestros recuerdos y a nuestro pasado. Como nuestros padres y nuestros abuelos- y algunos de los que lo contamos- supieron sacarle jugo a la perra chica y a la perra gorda, al real y a la peseta antes del invento europeo del euro. Aunque, a pesar de los avances de la informática, internet, móviles, whatsapp y otras muchas zarandajas, este humilde bloguero continúa sin saber explicarse, como hace siglos les ocurriera a nuestro inmortal Lope de Vega y, no hace tanto, a mi admirada Cecilia al cantar:
“No sé qué tiene la aldea,
donde vivo y donde muero”,
(Lope de Vega)
 “que aunque no sea muy bella
vivir sin ella no puedo.”
(Manuel José Gonzalez)

sábado, 1 de marzo de 2014

MUCHACHO PARA TODO EN ALEMANIA: Intérprete de altura


“El muchacho para todo” prometía en “RETROSPECTIVAS ALEMANAS” relatar en capítulos sucesivos alguna de las batallitas, cómicas algunas tragicómicas otras, curiosas casi todas, acaecidas en campos de formación y experimentación profesional germánicos. Al margen de la actividad profesoral fui aprendiendo y desarrollando una variopinta serie de insospechadas e imprevistas actividades, alarde de romántica valentía y juvenil heroicidad. Destacan, entre otras: locutor de radio y traductor de guiones radiofónicos, intérprete polifacético, reportero y corresponsal en el extranjero, editor y asesor editorial.

Sin comerlo ni beberlo, sin pensarlo ni buscarlo, conjugando placer con devoción, de la noche a la mañana me encontré inmerso en el mundillo de la radio y de la prensa, acompañando con micro en ristre cual principiante lazarillo, a Herr Antes, director y dueño de un estudio radiofónico, asociado a InterNationes (organismo paraestatal del gobierno alemán, entonces en Bonn). En aquellos comienzos de la radio, había que armarse de valor torero para colocarse ante el terrorífico morlaco del micro. Pero el tal Herr Antes, crack y maestro en la materia, utilizaba un escalofriante sistema para novatos nerviosillos: Te colocaba imperativo el micro ante tus narices ordenando:”- Fragen Sie” o “Sprechen Sie-” (Pregunte Ud. o Hable Ud.)… y no te quedaba más remedio que abrir el pico, saliese o no el sol por Antequera.

Además del trabajo en el estudio, grabaciones culturales sobre Alemania para ser enviadas a emisoras españolas o iberoamericanas, nuestra labor consistía en acompañar al jefe a todo tipo de eventos: manifestaciones o celebraciones culturales, ferias y congresos, conferencias y conciertos, festejos o solemnidades populares, regionales, nacionales e internacionales. Sin olvidar las obligatorias entrevistas a artistas (entre otras Victoria de los Ángeles., doblada por Palmira), diplomáticos o ilustres visitantes invitados en la RFA.

Pero grabada en oro en mi memoria, efeméride a celebrar en mi curriculum, fue la asistencia en el Berlín Occidental (Alemania continuaba dividida en dos) al primer encuentro después de la gran guerra de escritores Ibero-americanos y alemanes. Allí tuve el honor e inmensa alegría de conocer, tratar y entrevistar personalmente a Miguel Ángel Asturias, Jorge Luis Borges, Germán Arciniegas, y al entrañable, tan pequeño como gran novelista peruano Ciro Alegría (fallecido pocos años después del encuentro, y de quien recomiendo “La serpiente de oro” y “El mundo es ancho y lejano”). Con Miguel Angel Asturias (a quien años más tarde tuvimos la gran suerte de saludar nuevamente en la universidad de Salamanca) disfrutamos Palmira y yo, días después, acompañado de su encantadora mujer Blanca, de compras por Frankfurt, donde fueron agasajados por editores y libreros alemanes. Inolvidable el encuentro en la editorial Insel con Borges, ya ciego, rodeado de una nube de periodistas, respondiendo a todos ellos con citas de Goethe, Schiller o Shakespeare en envidiable inglés o alemán. Holgaba la presencia de intérpretes.

Las experiencias fueron gratificantes y aleccionadoras. Algunas, inolvidable y hasta históricas. Sirva de muestra jactanciosa la foto con el Presidente de la República Federal Alemana, Heinrich Lübke en el estudio Internationes de Frankfurt, en el que Palmira (¡mi secretaria particular!) colaboraba también como locutora. Para enmarcar, y motivo de orgullo es el afectuoso y cercano ruego del Presidente a Palmira pidiéndole se acercase a él para la foto: ”Mädchen, komm, komm zu mir” (Muchachita, ven, ven aquí a mi lado). 

Herr Antes (curioso apellido alemán sin parentesco genealógico ni lingüístico con España) acabó integrando la larga lista de amigos alemanes. Y a él debemos, gracias a las pingües remuneraciones, una de las llaves de nuestro pisito en Salamanca.
Pero descendiendo a lo humano y cotidiano no puedo silenciar otros casos de mi actividad de intérprete.

Entre los caninos destacan mis servicios al ilustre cliente de las tres erres: D. Raúl Roviralta y Rocamora. Con tan rimbombantes apellidos podría deducirse que fuera dueño de los laboratorios farmacéuticos Roviralta de Barcelona y del afamado criadero de perros pastor alemán Costa Brava. Mi primera función consistió en recogerlo en mi flamante VW del Hotel 5 estrellas Frankfurter Hof y viajar hasta las proximidades de Colonia, la friolera de más de 200 kilómetros, en busca de un cachorro del campeón europeo de esta raza. Nos costó Dios y un santo dar con la aldea y casa blindada donde un aldeano custodiaba tan preciado tesoro. Después de mucho tocar el timbre, no solo no conseguimos cachorro alguno sino que ni siquiera logramos las orejas de tan valiosa joya, teniendo que conformarnos con direcciones de los propietarios de herederos de tan codiciados genes.

Pero mis conocimientos caninos alcanzaron tal nivel y a tal grado llegó la confianza del Sr. Roviralta en mi humilde persona que hasta, después de visitado un criadero y centro de adiestramiento de dicha raza cerca de Limburg, formalizábamos la selección y compra por teléfono o correo. Mi hija Antje, con cinco años, recuerda todavía angustiada los ladridos ensordecedores de la aterradora jauría enjaulada encaramándose de manos sobre los barrotes de las alambradas; mientras yo disfrutaba con la compra de una perrita negra, preciosa y seductora, boquiabierto ante la habilidosa destreza y exhibición de adiestramiento de perros-policía. También en cierta ocasión, le envié por avión un cachorro del campeón de Baviera, con todo la parafernalia (permisos, certificados y jaulas) que ello conllevaba. Persona seria, sencilla, afable y honrada jamás tuve con él problemas monetarios. Yo pagaba mis gestiones y convenios en marcos alemanes y él me ingresaba en España la correspondencia en pesetas a mis servicios. De regreso a España, siempre prisionero en pisos, quedó en sueño su prometido regalo de un pastor alemán.

Mi papel de intérprete con la policía, solo merece ser recordado por sus connotaciones y circunstancias socio-políticas.
Fue una de las primeras nochebuenas en Frankfurt. Fría y nevada como una de tantas. El quinteto familiar, integrado ya por padres y los tres churumbeles Antje, Emma y Blancaluz, y acompañados por nuestra entrañable vecina Cenzi (antigua asistenta bávara de la familia judía, que fuera dueña del edificio antes de ser aniquilada por los nazis), se disponía a cenar cuando sonó el teléfono. La policía de la Estación Central (Hauptbahnhof) solicitaba cortésmente mi ayuda. En el tren de París acababa de llegar una pareja de españoles, tocados al estilo veraniego murciano en sandalias y chaqueta de drill, sin hablar palabra de alemán y sin saber ni dónde estaban, ni a dónde iban, ni a qué venían. Tras algunos titubeos me presenté en la estación donde pude comprobar la realidad de lo que antecede. Dos más de nuestros compatriotas que se lanzaban a ciegas, y por tierra a la aventura de la emigración, trágica situación similar a la que viven en España los miles de africanos que se lanzan al mar y a la deriva. La solución inmediata fue alojarlos por una noche en un centro de urgencias para emigrantes. Días después averiguamos que fue Caritas, con quien yo solía colaborar, quien había facilitado nuestro teléfono.

Como intérprete en la solemnidad política la foto siguiente sirve para demostrar que no todo el monte fue orégano, ni todo fue campo de rosas.
Algunas lagunillas registraba todavía el intérprete a la fuerza en el terreno de la economía. En las palabras de bienvenida del representante del gobierno de Bonn al nuevo cónsul hispanoamericano apareció el término “Währung”… -¡Tierra trágame!- tecnicismo para mí todavía desconocido. Afortunadamente antes del desplome del novato intérprete, uno de los asistentes me susurró la traducción del término “moneda o sistema monetario”. Pero como “no hay mal que por bien no venga”, el mal trago fue aliviado al final del acto al solicitarme uno de los asistentes como intérprete para al día siguiente en acto similar en Düsseldorf, donde sería nombrado cónsul de su país.

-“Póngase en contacto con mi secretario quien le agenciará billete de tren y reserva de hotel” - fueron sus palabras después de mi aceptación. 

Por primera vez en mi vida pisaba una suite de lujo en suntuoso hotel de 4 estrellas en la ciudad renana. Pero el cansancio de tan larga jornada, el nerviosismo del percance pasado y la incertidumbre e inquietud ante el mañana frustraron el dulce sueño.


Y como culminación o colofón de este serial, fui intérprete contratado por la Federación Alemana de Futbol para el presidente de la Real Federación Española de Futbol, con vistas al partido, que un gélido día de San José, iban a dilucidar las selecciones de los dos países en el Frankfurter Wald Stadion. Por decencia profesional omito el nombre de mi ilustre parroquiano quien, aprovechó la invitación para realizar ciertos negocios inmobiliarios. Más afortunado fue mi inseparable amigo Hans Peter a quien le cupo la suerte de hacer de intérprete con los jugadores, entre otros sus ídolos famosos: Carmelo, Kubala, Puskas, di Stefano etc. Aunque tanto a él como a mí nos tocó lidiar con las impertinencias de la “saeta rubia”. Perdió España 2-0, y yo sigo esperando todavía en la recepción del hotel el obsequio prometido por tan eminente cliente.