miércoles, 17 de octubre de 2012

LUNA DE MIEL HISTORICA, insólita y excéntrica

De Sequeros a Frankfurt am Main

Aunque la luna prosiga impertérrita en su girar y en sus fases, sus clases y géneros han sufrido alteraciones y cambios importantes. Una de las mutaciones más significativas y llamativas es la operada en la popularmente conocida como "Luna de miel".

No voy a detenerme a estudiar su evolución histórica. Tampoco voy a perder el tiempo analizando sus cambios semánticos y sociales. Voy a centrarme únicamente -sin entrar en minuciosas intimidades- en una luna de miel ciertamente llamativa por su singularidad espacial y personal. Con pelos y señales  cronológicas y espaciales debo señalar que esta Luna de Miel comenzó el 2 de Agosto de 1956 en el idílico rincón perdido de la sierra salmantina, conocido por Sequeros y que se prolongó hasta Alemania, hasta  la histórica ciudad de nacimiento de Goethe, que medio mundo sabe que fue Frankfurt del Main.

He olvidado en qué fase se hallaba la testigo nocturna de los enamorados. Solo puedo testimoniar que esta Luna de Miel fue uno de los sucesos más rocambolescos, insólitos y descabellados que acaecieron en la ciudad del Tormes:

"¡Novios salmantinos pasarán su luna de miel en el serrano pueblito salmantino de Sequeros!"

El comunicado periodístico es ficticio. Pero bien pudiera haber sido uno de los habituales titulares en las Crónicas de Sociedad de la provinciana prensa charra La Gaceta Regional o El Adelanto. El simple enunciado hubiera provocado hilaridad y carcajadas. Lo habitual y sonado en la creciente burguesía de entonces, según notición en la prensa local, con foto incluida, era que la feliz pareja salía en viaje de  novios para Mallorca, Madrid, Barcelona, Andalucía, París o el extranjero.

Nuestra pareja de protagonistas -Palmira y Manolo- en el taxi de un portugués, amigo del cuñado Delfín, después de finalizar el obligatorio baile de bodas que cerraba el festejo nupcial  (véase capítulo correspondiente) partieron dirección a Sequeros como dos potentados en diligencia imperial.

Todo estaba organizado con meticulosidad por el recordado cuñado Ignacio. Un amigo, veterinario de Sequeros, antiguo compañero de estudios en Zaragoza, nos había reservado habitación, con pensión completa, en la fonda del pueblo, jardín y terraza incluidos. La diligente posadera nos recibió con  exquisita amabilidad, lo que nos hizo concebir ilusas expectativas. Mas el cielo se nos vino abajo al anunciarnos que estaba al completo. Ante el inminente desvanecimiento de la novia, la diligente fondista nos tranquilizó anunciándonos que: "simplemente para dormir nos había agenciado un apartamento a estrenar, en la plaza del pueblo, cercano a la iglesia. Desayuno y comidas caseras en la fonda."

Acabábamos de tomar posesión de la "suite", una minúscula buhardilla "lujosamente amueblada" con una simple cama "moderna" niquelada y una rudimentaria silla haciendo juego, cuando el veterinario Maxi se presentó con su novia para invitarnos a un "picnic" en un pinar de los alrededores. 

Foto de la novia con amigos y perro
La cordialidad nos resultó desorbitada ya que los recién desposados preferían la soledad a la merienda, pues, según receta del poeta, la soledad más hermosa es la soledad de dos en compañía. Ésta llegó al fin y una espléndida luna llena se enseñoreó de los dominios de la noche. Mas, ésta se tornó "toledana" y no por lo  que suposiciones  fantásticas puedan  imaginar. Causantes aguafiestas de la velada fueron el reloj de la torre de la iglesia, que no se dejó ni un solo cuarto en el badajo, y una parejita de envidiosos gatitos encelados encargados de organizar la serenata en el tejado (la censura no permite detalles pormenorizados, simplemente aclararé que el novio, como pésimo durmiente que es, apenas pegó ojo en toda la noche). Fue una noche de luna meliflua, como el propio juego de palabras indica, fue el dulce sueño de una noche de verano.

Entre  los numerosos  documentos del evento archivados en la papelera de la memoria figuran las comidas en la Fonda. Recuerdo todavía con fruición y regusto la fuente de porcelana blanca a rebosar de filetes de ternera serrana: ¡los filetes más ricos, tiernos y sabrosos de mi retentiva culinaria! Y si algo les faltaba… ¡servicio a discreción!

De reseñar es también una excursioncita al riachuelo de Casas del Conde. Memorable el descenso, romántico y dificultoso, cogiditos de la mano, por un sendero entre peñascales, zarzales y majuelos. El pueblecito guardaba gran valor sentimental para el novio que, de estudiante había ido a comprar las famosas cerezas de las Casas con el cuñado Delfín.

Igualmente es de recordar y resaltar la curiosidad que la pareja de tortolitos despertó entre los veraneantes de la fonda. Matrimonios mayores y mamás jóvenes, veraneantes con niños,  no nos quitaban ojo, intrigados por la procedencia y actividad de aquella parejita solo visible a las horas de comedor. Averiguada nuestra  identidad se mostraron en todo momento, cordiales y afectuosos. Orgullosos de la compañía de tan distinguidos y singulares huéspedes.

El primer capítulo de tan excéntrica luna de miel tuvo la escasa duración de una semana. Todo tiene su explicación: el novio, profesor asistente en Frankfurt, sólo disponía de un mes de vacaciones, plazo que hubo que distribuir racional y equitativamente entre preparativos de boda, luna de miel, visiteos y cumplidos familiares en los correspondientes pueblos.

La Luna de Miel acababa de comenzar. Empezaba ahora la segunda  parte, la odisea del "Viaje de Novios al Extranjero"… a Alemania. Éstas fueron, en verdad,  auténticas noches toledanas. La anunciada función comenzó ya en el punto de partida, estación de tren de Salamanca. En la ventanilla del exprés Lisboa-París un cartel rezaba: NO HAY BILLETES. Se rogaba esperar la llegada del tren y se confiaba en que quedasen plazas libres. Ilusiones frustradas. La negación continuó impertérrita. Gracias al tío Valentín, padre de los primos Benjamín y Antonio, que prestaba su servicio en la estación como guardia de seguridad, conseguimos subir al tren con baúl, maletón y bolsos. Asientos libres, un sueño. En el pasillo atiborrado de viajeros y equipaje, como sardinas en banasta, malsentados encima de las maletas y equipaje, transcurrió esta interminable noche de viaje de novios al extranjero. Antes de la llegada a Irún, el revisor, mediante un sello en el pasaporte, nos concedió el visado que nos otorgara entrada en Francia. Previamente había que cambiar de tren, pues la España de Franco seguía anclada en los trenes de vía ancha. El joven novio llegó hecho unos zorros. Mas que joven enamorado parecía viejo decrépito incapacitado para continuar el viaje. La feliz pareja tuvo la más descabellada idea que humano pueda imaginar: bajarse del tren, hacer noche en Irún y continuar viaje al día siguiente: así conseguirían mal dormir en una pensioncilla barata de estaciones de ferrocarril.

A la mañana siguiente, pasados los engorrosos trámites de la aduana, cómodamente  asentados en el tren de París, el revisor no acepta el visado de entrada con fecha del día anterior. El ilustre novio deberá iniciar veloz carrera con los pasaportes a la aduana en busca del nuevo visado requerido. Pero como las desgracias nunca llegan solas, una vez de vuelta en el tren, Palmira se percata de la falta del bolso azul con el reglamentario jamón, regalo de los abuelos de Palacios, y…¡otra carrera más! Contrarreloj casi suicida, pues el silbato de salida del tren ya había sonado. Con el jamón a cuestas, pude  tomar el tren  en marcha con el revisor hecho un basilisco jurando en hebreo y en gabacho… y nuevamente la joven dulcinea al borde del infarto.

Al cómodo viaje Irún-París Austerlitz seguía siempre la hora de suspense y nerviosismo en París, en la que el viajero dependía de la pericia del taxista y de la longitud de las interminables colas para conseguir tan preciado servicio, para poder tomar en la estación de  L’Est, el tren que le llevaría al anhelado paraíso de Frankfurt. Esta vez los hados nos fueron propicios. Aunque nos esperaba otra larga dulce noche de viaje de novios en tren. Nuestro compartimento y el coche-cama también al completo. Afortunadamente, entre súplicas y suspiros,  el revisor al ver nuestro aspecto de pardillos enamorados se apiadó de nosotros y nos acomodó -propinilla al margen- en un modesto apartadito con dos asientos extensibles, todo ello en consonancia con la categoría y anhelo de los novios de incógnito. El largo viaje transcurrió plácida y  dulcemente, como en el mejor coche cama del Orient Express. Nuestra llegada a la estación de Frankfurt no tuvo recibimiento oficial: ni banda de música, ni cohetes y volteo de campanas. No fueron ni esperados, ni necesarios. Nos bastó con haber llegado sanos y salvos, y despiertos, después de tan inusitado comienzo y tan azarosa continuación de nuestro viaje de novios al Frankfurt de nuestros amores.

La feliz pareja en 2012
En el antiguo barrio residencial judío del Westend, en una habitación sin derecho a cocina los fines de semana, construimos en la Unterlindaustrasse el primero de los tres niditos alemanes. Después de 56 añazos, dejemos a nuestros aventureros protagonistas disfrutando merecida y plácidamente, con el recuerdo, de aquella luna, que aunque en fase menguante, continúa resplandeciente. De ello da fe el adjunto testimonio gráfico de nuestra queridísima y admirada nieta Irene.

Muy  pronto aparecerán nuevos y apasionantes capítulos de nuestra feliz y fructífera estancia en el extranjero. En la palestra de estas Semblanzas aparecerán pronto tres de sus protagonistas estelares: Antje, Emma y Blancaluz tan vinculadas y encariñadas con nuestro Frankfurt.       

lunes, 24 de septiembre de 2012

JARDINERO DE FAMILIA II

LOS JARDINES DE FAMILIA

Los jardines, la jardinería y la horticultura han estado siempre ligados a la rica tradición paisajística familiar. Esfuerzo y trabajo, fascinación e ilusión armonizados. La imagen del jardín es reflejo de nuestro mundo. Nuestro jardín siempre ha sido campestre. Nada de jardines urbanos, de chalets convencionales, ostentosos y sofisticados.

Pinar y zona de recreo en La Colina de Valmiguel
Nuestro jardín es una sala de estar al aire libre, al sol o al fresco. Un solarium de relajación. Placidez y paz. Sillas multiusos dispersas a discreción. Una mesa familiar y pequeñas mesas redondas metálicas supletorias. Un perrito. O varios. Libros y herramientas desordenadas. Niños y niñas jugando, predominando las últimas. Gorriones chirriando y acompañándonos a todas horas y en todo tiempo. Siempre la palomita turca arrullando. Una hamaca, varias tumbonas… Una siesta con tertulia. Una cerveza, un vinillo o un chupito. Una fiesta familiar. Un cumpleaños o varios aniversarios. Una disculpa para celebrar: una barbacoa, una parrillada o paellada. ¿Hay quién dé más? Pues… sí: la festiva, culinaria, multitudinaria, musical y entrañable “ Herrerada “, encuentro veraniego de todos los Herrero en el “parque” de la Colina o en el corral- o patio- jardín de los Regalado en la plaza de Palacios o en las tenadas de Emma-Juan en la calle la Fuente del pueblo. Ceremonias terapéuticas: ¡La terapia de las flores, del huerto, de la armonía familiar! Jardineros y hortelanos en permanente, ilusionada y aplicada formación: lecciones de poda, de abonos, de trasplantes, injertos, albañilería… (barbacoas y rocallas).

Parra en las tenadas de Emma y Juan
Comenzando la relación de plantaciones por los de más talla o altura, en nuestros jardines no podía faltar el cuarteto más representativo: el ailanto, el pruno, la higuera1 y la parra presidiendo, por este orden, la entrada principal del patio- jardín de la calle de La Fuente de Palacios; alzándose inhiestos y altivos, acá y allá, en la calle San Isidro de Cabanillas, compitiendo con los de La Colina, o el solitario, esbelto y emblemático prunus en la calle Moncayo de Las Matas. Y…prestando verdor y sombra no podían faltar, en casi todos ellos, las frondosas parras de uvas, tipismo de portadas y patios castellanos. Ni tampoco las sufridas adelfas, ni los perfumados ramilletes de los lilos - incluidos los “blancos” de Palacios- ni las hiedras y madreselvas- problemáticas ellas por su rápido y excesivo desarrollo y consiguiente poda.

Florida entrada a casa de Lucila y Joseba
En el apartado de floricultura nada de exotismos o raras y encarecidas especies. ¡Las de siempre! Las más bellas y tradicionales. Las de arraigo popular: caléndulas a discreción (de diversas tonalidades amarillas), alhelíes (sobresaliendo los amarillos, de singular fragancia y colorido) y… las rosas, como escribiera Azorín: “rosas blancas, rosas amarillas, rosas bermejas”.

El autor en Las Matas bajo el níspero
Puestos a establecer una escala de valores en este campo, la medalla de plata se la llevarían las rosas de Lucila-Joseba en el jardín de la calle Moncayo de las Matas… No faltan las plantas aromáticas y decorativas: el romero, la salvia, la hierbabuena y el perejil. Sin olvidar los productos ecológicos del huerto de Antje-Quique: las ricas lechugas, acelgas y cebollas. Entre las frutas del jardín descuellan los abundantes y tempraneros, por tanto los más preciados, nísperos de Cabanillas – sin olvidar el prometedor ejemplar de la calle Jaraiz de Blanca-Paty (foto), alternando con las cerezas y guindas, todas ellas, incluidas las de Palacios, preciado jolgorio de pajaritos. Pero, dejémoslos que disfruten y sigan siendo nuestros amigos.

“Prefiero un jardín lleno de pájaros a uno lleno de cerezas.
Gustoso les cambio las frutas por sus cantos.” ( Anónimo)

En el anterior museo de jardines figuraba, exclusiva y merecidamente, el quinteto de los jardines familiares directos. No podemos, sin embargo, marginar otros jardines históricos, en los que muy directamente intervino la mano del Opa:

Jardín de Unterliederbach, nevado
El primero en edad y dignidad sería el afectuosamente recordado por el reciente viaje de Antje y Quique a nuestro inolvidable Frankfurt, el jardín de Unterliederbach. Bien merece una remembranza nostálgica y cálida. Precisamente una de las imágenes más dulces y gratas que de él conservo es la del jardín nevado. A primeros de marzo, después de varios meses ocultos y sepultados bajo la nieve, empezaban a desperezarse lentamente en la terracita los heraldos de la primavera, los amarillos y morados crocus. Hay que destacar que fue el primer jardín totalmente “nuestro”. Estrenamos el adosado – cuando alboreaba este sistema urbanístico- y planificamos y realizamos nuestro propio jardín. Siempre con la máxima ilusión y el mínimo dispendio.

El jardín de Cabanillas
El exagerado espacio dedicado a nuestro primer “jardín de flores”, no supone minusvaloración de otros jardines familiares a los que he aportado mis granitos de arena. Dignos de elogio y recuerdo, y por orden cronológico el de Antje-Quique en Cabanillas del Campo y el de la Comunidad de la Rioja de las Rozas, de Blanca-Jorge y Paty. Sin mis manos, mi dirección de obra, mi azada y mi pala, floraciones y frutos actuales serían diferentes. A ambos podría aplicarles los bellisímos versos populares frayluisianos:

“Del monte en la ladera por mi mano plantado tengo un huerto.”

El jardin de mi hermana Aurora en Aldeatejada - jardín y huerta a la par - destaca con luz propia. No solo por sus gigantescos chopos, piñoneros, cedros y acacias. Sobresalientes eran sus ajos-de los que surtía orgullosa a la familia- sus pimientos y tomates. Pero ante todo y sobre todo, la exposición de sus geranios- por su colorido y exuberancia- en el porche, escalinata y aledaños. Tradición continuada por Adela, Lucy y Conchita. Precisamente en el jardín de ésta última, la Cabaña de Pozuelo, su “descansada vida”, mi aportación se ha reducido a la de asesor de poda. De destacar en este pequeñito cuidadísimo retiro es la esbeltez de su pino “romano”, la exquisitez de sus albaricoques e higos y los cosechones de membrillos.

Un lugar especial ocupa en este recordatorio familiar. la inmensa mimosa de los abuelitos de Palacios, la ya mencionada higuera de exquisitas brevas, la umbría y fresca noria- compartida “por gracia en dos” con la huerta del cura- ambas desaparecidas, y el hermoso trepador arqueando la ventana del dormitorio, junto al pozo. …( foto del Jardín de la abuelita María). La abuelita María fue modélica figura matriarcal del corral-huerto familiar, celosa y entusiastamente ajardinado y convertido en “estar” y merendero de la familia Regalado. Y por último, una larga serie de jardines de amigos y compañeros que acudían a la consulta del “ sabelotodo” jardinero de familia.

El del compañero de facultad Jaime Cerrolaza en el Pinar del Plantío, plantado y estructurado en su totalidad por el maestro jardinero MJG.

Terraza de Ana y Rober (Algorta)
El de Entrencinas de Tina- Mª José, el de Luisa-Juan en Carbajosa de la Sagrada y el de Consuelo-Benjamín en Santiz son jardines a los que me siento de alguna forma vinculado. Aspirante a medalla de oro según recientes noticias, merece mención especial la terraza-jardín de Ana-Rober (Algorta). Inmortalizada queda en el Archivo de Jardines familiares.

Muchísimas han sido las floridas primaveras disfrutadas en el museo familiar de terrazas, huertos, patios y jardines. Me enorgullece y sosiega a la par la promesa del proverbio hindú:

“!El que antes de su muerte ha plantado un árbol, no ha vivido inútilmente!”

Y sosiega mi ánimo y premia cum laude el resultado de mi labor jardineril, el saber que todos mis alumnos profesan la sabia filosofía china:

“Quien sabe apreciar la belleza del jardín tiene más mérito que el propio jardinero.”

1 Higueras 5 estrellas la de Cabanillas, la de los abuelitos Clemente y María en la Repatilla y la de la calle La Fuente de Palacios: ésta última por sus gigantescas y frondosas hojas, y todas ellas como desayuno preferido de estorninos y gorriones. La primera de la clase la de Quique, “ o terror dos mirlos”, abastecedora de higos morados para toda la familia.

martes, 5 de junio de 2012

EL PRECIADO DON DE LA AMISTAD


Homenaje póstumo y Adiós a Aurelio

Amaneció gris y lluvioso, rayano en la tristeza. Fue uno de esos días del cacareado "abril aguas mil", que este año no hubiera sido tan vil como repite el refranero, sin la noticia tempranera, y tan inesperada: "Ha  muerto Aurelio".

La implacable vara de la justicia  nos monta de vez en cuando una de estas jugarretas difíciles de sobrellevar. Muchos de los seres queridos y de los amigos leales se nos van marchando sin previo aviso. Éste fue tu caso. Y el nuestro, querido Aurelio. Te fuiste alejando, callada y pausadamente,  para hacernos menos doloroso el vacío de tu ausencia. Te lo agradecemos, aunque nos cueste tanto admitirlo, justificarlo y sobrellevarlo. Pero tu recuerdo y la recreación de momentos y vivencias felices en tu compañía, tranquilizan y serenan nuestros doloridos sentimientos. Acompáñanos una vez más - siempre caminarás lentamente  a nuestra vera - en nuestras correrías vacacionales por Palacios:

¿Recuerdas la histórica y gran nevada de vuestra - Pruden y tuya - primera noche en Palacios, una víspera de la Inmaculada? Íbamos a firmar el gran armisticio, a ultimar detalles de la boda de nuestros hijos Lucila-Joseba. Disfrutaste  de la nieve como un niño. Mejor dicho, como un enano. (Perdona el símil que tan poco se aviene con tu eusquérico volumen. Tú hubieras dicho "como un búfalo en la pradera", tu expresión favorita para magnificar el sueño).

Las maravillas del invernal paisaje charro solías revivirlas con frecuencia: las monumentales encinas y el tímido pinar tocados de blanco, los caminos y la carretera con medio metro de nieve, según tus cálculos. Porque tú siempre tirabas "p'arriba", siguiendo el sistema aureliano de mediciones de espacio y tiempo. No olvidaremos jamás  aquella mañana de un agosto sin fecha, cuando a las intempestivas 8 horas, los moradores de La Colina durmiendo como marmotas, aparcabas victorioso con tu  Megane azul a la puerta de nuestro garaje. ¡Que Dios te lo perdone! Y sobre todo la pobre Pruden, pues, tan breve fue su noche que, con el lucero del alba el intrépido conductor bilbaíno había ya rebasado Burgos, pisando sin piedad el acelerador al grito de : "¡Vamos! ¡Que no vamos a llegar!"

Pero vuestra llegada a La Colina en el tórrido y sofocante verano de la meseta castellana, la hora era intrascendente, era cual bocanada de refrescante brisa procedente de los verdes bosquedales vizcaínos. Por eso también te perdonamos tus madrugones matinales, tu función de despertador en los silenciosos y quietos pasillos y puertas de la "casa rural", cuando el toque de diana era tardío y libre en la casona.
Tu patriarcal silueta vasca continuará acompañándonos en nuestra mesa, en las tertulias y sobremesas campestres. Continúa disfrutando de tus tempraneros paseos solitarios por el camino del Carbajo, acompañado siempre de tu fiel e inseparable Tecla, para pasar revista y dar los buenos días a las vaquitas de los cercados colindantes. Y antes o después, te lo dejamos a discreción, continúa con tu deber cotidiano de inspeccionar frutales y moreras del paseo de los frutales, sin olvidar tus predilectas "claudias" y ciruelas tempranas.


A la sombra de uno de los gigantescos piñoneros, sala de estar de sol a luna, te esperamos, "compañero del alma", compañero! Pero no olvides la "Txapela", que tan bien te sienta y con tanta prestancia portas, ni la “Katxaba” para evitar tropezones, ni el vasito de tinto de la "bodega Manolo" y  la compañía de nuestra Tecla, guardiana cariñosa aunque dormilona. Y, por favor, no olvides nunca a tu eterna compañera de cama y campo, sillón y silla - aquí sí que tienes que hacer declaración de conductas y servicios (tranquila Pruden- me estoy refiriendo a tu socia la radio), siempre pegada a tu oído y con micrófono abierto, cultivándote y culturizándote, continuamente al tanto de lo que se cuece en cocinas ajenas y se teje en alcobas privadas, vidas y milagros de tus amistades artísticas, de esa tropa de "mujeres de moral distraída" a las que tú  eufemísticamente calificabas de “género lírico”.

Admirable y envidiable era tu prodigiosa memoria de caballo o elefante - como tú quieras. La enciclopedia Álvarez se te quedaba corta, y tú recitabas de carrerilla la lista de los reyes godos, los ríos de la península ibérica, y hasta los del continente africano, afluentes incluidos. El catecismo del P. Astete te salía hasta por las orejas, y en la libreta de tu memoria llevabas grabadas matrículas y marcas - incluidos  los neumáticos - de los camiones, coches y vehículos que maniobraste, y los nombres de todas las ciudades, pueblos y poblados, calles y callejas que  transitaste, y hasta los bares que frecuentaste.
Como un recuerdo más, y último  por hoy, tengo que comunicarte que tu deportivo slogan de guerra y ánimo  “¡Aupa Athletic!” ha surtido efecto terapéutico. Pocas horas antes de despedirte de nosotros, tu consigna resonó ensordecedora en los graderíos de San Mamés y aledaños del Nervión y tú, y nuestro, Athletic se convertía en finalista de la Copa de Europa. El resultado de Bucarest me lo silencio para no desilusionarte. ¡Otra vez será!

En este capítulo deportivo fuiste siempre un caballero de pro. Aunque con un ojo llorando y otro riendo, quiero que sepas que el Real Madrid - tu segundo equipo - se proclamó - triste y lamentablemente - en San Mamés - Campeón de Liga 2011-2012.

Para finalizar esta misiva de despedida, tengo que confesarte y pedirte perdón por mi simpleza y cobardía. La noticia de tu definitiva separación fue mazazo de tal magnitud que me impidió acudir a decirle adiós a tus cenizas. Religiosa y serenamente me fui recomponiendo y asimilando tu fichaje por el Derio. Me encantaba tu socarrona y socrática filosofía al comentar, humorísticamente, ante la esquela mortuoria de conocidos, próximos o lejanos: "Otro que fichó por el equipo de Derio"(1).

¡Agur Aurelio! ¡Hasta siempre! ¡Duerme en paz! ¡No te olvidamos!

(1)Localidad del cementerio bilbaíno

Majadahonda, Mayo 2012


PS. Dedicado a mis amigas Pruden, Libe e Isabel. A Lucila y Juanto. A tus cuatro nietos Olatz e Inés, Juan y Martín. Y, en especial, a nuestro Joseba.

domingo, 13 de mayo de 2012

JARDINERO DE FAMILIA



Mis amigas las flores y las plantas


"El hombre que plantaba árboles", Jean Giono. Dedicatoria al Opa: "Para el Opa, el hombre que plantaba más que árboles y que sigue plantándolos" (Antje + fam.)

Ignoro si tendrán algo que ver jardín y plantas con genes. O viceversa. Lo que sí es cierto es que el jardín, desde siempre, ha estado vinculado a nuestra familia y ha sido cual icono de tradición familiar. Tanto por línea materna como paterna, la de Palmira y la mía, la de nuestras hijas,  nietos y nietas, hermanas/os, sobrinas/os, el jardín, las flores y las plantas han estado siempre en primer capítulo de calendario. A la entrada y/o a la salida de todo. Al entrar o salir de casa obligatoriamente había que entrar o salir por el jardín.
           
Desde Carrascal a Palacios, desde Salamanca a Frankfurt/Unterliederbach, desde Bilbao (Comercial de Deusto) a Madrid (Jardines de Letras), desde Madrid a Leeds, desde Algorta a Majadahonda, desde Cabanillas del Campo a Las Rozas o las Matas, desde la c/ La Fuente a La Colina de Valmiguel, siempre hemos tenido las flores, las plantas, arbustos y árboles como compañeros o comparsas fieles e inseparables: caudal de belleza inagotable, protagonistas de vivencias inolvidables. Reza un sabio proverbio anónimo al respecto:

         ¡El jardín es un mundo, y el mundo es otro desde el jardín!

A tal grado ascendió mi pasión y devoción por la floricultura y horticultura que, con los años, acabé convirtiéndome en jardinero vitalicio, hortelano y asesor solicitadísimo de familiares y amigos. Precisamente estando redactando este capítulo me telefoneaba, alarmada, una amiga, pidiendo auxilio para los primeros tomates de su terraza que se abrían y no maduraban, su adelfa mustia que no crecía, su raquítico lilo que no florecía y sus melocotones que no maduraban. 

Los orígenes de esta debilidad se remontan, como todo buen principio, a los remotos años de la infancia. Todo comenzó a los 10 años. En una borrascosa noche del invierno del 36. A consecuencias del fuerte viento y de la incesante lluvia de un prolongado temporal, la cumbre(1) de la casa del herrero de Carrascal se vino una noche abajo. No hay mal que por bien no venga. La casona centenaria sufriría restauración y reforma importantes: modernización y blanqueo de fachada, imagen más moderna y luminosa. Con la caída del muro principal desapareció la habitación de huéspedes de la casa cural y un enorme y altísimo portalón- gran pérdida para el rapazuelo obsesionado por los nidos de golondrina que poblaban su viga maestra. También desapareció el pequeño palomar del “sobrao” con la repisa de madera y los dos cuadrados agujeros de entrada y salida de las palomas.        

Las ganancias, sin embargo, superarían a las pérdidas. La tradicional, oscura y lóbrega cocina típica de aldea, con chimenea de campana, se abría al exterior con una amplia, ventana que daba al naciente jardín en el espacio de la habitación eliminada desde la que se oteaba “ el tráfico” y bullicio de la calle principal y el campanario de espadaña de la iglesia con el atractivo nido de la fiel cigüeña.

Jardines de antaño
Las reducidas y ridículas dimensiones del jardincito no fueron impedimento para que el círculo central lo ocupase un ciruelo de abundantes y hermosas flores en primavera y escasos y mediocres frutos en otoño. Su existencia fue limitada, pero perpetuada en la foto a derecha, de histórico e incalculable valor.

Los primeros jardineros fueron mis hermanos mayores- Aurora y Luciano. Mi hermana vería colmados sus sueños florales y hortícolas con su Aldeatejada querida. Mi hermano y su esposa Chon pusieron broche de oro a sus aficiones florales regalándonos, antes de su éxodo a Bilbao, las dos adelfas que embellecían el jardín familiar. Una de ellas, la rosa doble, pervive todavía estoicamente en el rústico jardín de La Colina. Semiescondida tras la forsitia de la fachada sur florece todavía escoltando la artesanal placa que luce el nombre de La Colina.

Solamente un poso queda del primer jardín. Del Carrascal de aquellos años continúan floreciendo en el invernadero de mi memoria: los alhelíes perfumados de tonos amarillos, rosa y blancos, las espuelas de caballero rosa, moradas y azules, los dondiego también multicolores, la pluma de santateresa con sus margaritas pequeñas, algunas humildes dalias, la malva real, y… pare usted de contar. Unas matitas de perejil y que nunca faltase la aromática hierbabuena, imprescindible para el cocido nuestro de cada día. Me dejaba en el tintero mis idolatradas…¡ las blancas y perfumadas azucenas con sus estambres amarillos!

La escasez de riego no daba para más que un par de raquíticos rosalillos y una tupida trepadora colgante hacia la calle, fuente más de suciedad que de flores. Recordaré una vez más, que el agua corriente tardaría todavía décadas en llegar a Carrascal. El cántaro de barro a la cadera, al hombro o a la cabeza, la pesada herrada de cinc o el borriquillo con las aguaderas, eran el sistema de suministro corriente. El pozo o la fuente eran los únicos surtidores de abastecimiento – ésta última a un km. del pueblo - y en el tórrido verano, cuando arreciaba la calor y el pozo se agotaba, las sufridoras flores y plantas tenían que contentarse con las tormentas, el primitivo "riego de arriba".
        
El jardín de antaño, hogaño
El humilde y rústico jardinillo sería el primer escalón de una larga y empinada escalera. Fue el primer paso en un continuo e incesante disfrutar entre jardines propios y ajenos, terrazas, arriates y balconadas. El contacto permanente con los colores y olores del campo, con la luz del paisaje y el verdor de la naturaleza, fue incrementándose con los años y la experiencia, con mi labor pionera y entusiasta en esa pléyade de floridas y verdes parcelitas que fueron configurando mi "profesión de jardinero". Ofrecer relación y descripción de cada una de ellas, convertiría este apartado en un monótono manual de jardinería. De la mayoría de ellos reseñaré el recuerdo más destacado en el próximo capítulo. Finalizaré esta primera parte añorando los jardines de la tía Irene(2) de Zarapicos por ser los de mayor belleza, magnitud y prestancia. Inolvidable, grabado en mi recuerdo, se yergue todavía el gigantesco árbol del paraíso extendiendo sus grisáceas ramas y la fragancia de sus flores por toda la plaza. En la procesión del Corpus, el día del Señor - fiesta señalada en Zarapicos - la tía Irene se encargaba de alfombrar y perfumar el recorrido del cortejo festivo procesional con pétalos de rosas, celindas, romero, hinojo e infinidad de flores y plantas de su jardín. Desde entonces, el árbol del paraíso y las celindas continúan siendo mi perfume favorito. Para mi fantasía infantil, oteados hoy desde la perspectiva de anciano, fueron ellos algo así como el paraíso terrenal o los jardines colgantes de Babilonia o los insuperables de la isla de Mainau, en el lago Constanza. Pero prioridad merecen y están llamando a la puerta de capítulo propio… "Los jardines de familia".


(1) En Salamanca término ambiguo (m.-f.) para designar en edificaciones rurales el muro más alto.
(2) Tía abuela lejana.

domingo, 6 de mayo de 2012

¡AL FIN LLEGÓ EL DÍA TÁN SOÑADO!


EL DÍA DE LA  BODA

Como en todos los grandes festejos y solemnidades la celebración suele comenzar las vísperas: llegada de forasteros e invitados, retoques en vestuario y estética, últimos detalles y preparativos nupciales. Y centrándonos en el caso que nos ocupa: último paseo en solitario de los novios y despedida de soltero del protagonista. La novia, al no haber conseguido todavía la mujer la igualdad de sexos, tuvo que contentarse con esperar nerviosa, pero ilusionada, el amanecer del día tan soñado.

El último y memorable paseo de solteros, Cabarrús arriba, bordeando la cerca de la huerta de las Salesas y la plaza de toros, fronteriza al campo, donde la ciudad perdía su nombre, fue “brevesito” y testimonial, como exigían costumbres y circunstancias. Unos besitos y un abrazo de despedida.

Otro cantar fue la despedida de soltero. El día de nuestra boda – la de Palmira y la mía – amaneció excesivamente temprano para  el dormilón del contrayente. Aquel 2 de Agosto de 1956 el alba se anunció apenas acostado el novio, quien fue víctima de una de las tradiciones de la época. La broma consistía en raptar al novio y llevárselo de copas hasta las tantas de la madrugada. Causantes del estropicio: Emilio, el hermano de la novia, su primo Virgilio, llegado de Sevilla, mi primo Benjamín y pandilla de Cabarrús, Pepe Regalado y el otro Pepe, Pepe Mediero, su amigo del alma, entre los más señalados. Para acabar de rematar la fiesta, la inquisitorial normativa del catecismo antediluviano del Padre Astete dictaba ir a comulgar en ayunas: "sin haber comido ni bebido cosa alguna desde las doce de la noche en adelante". Como la solemnidad religiosa solía celebrarse a las doce, los pretendientes tenían que ir a comulgar a primera hora de la mañana para evitar posibles desmayos en el momento de la ceremonia.

Ese día el alba se equivocó de horario y amaneció antes de lo reglamentario. El novio, entre la trasnochada y el nerviosismo, apenas pegó el ojo. La celebración se celebraría en la iglesia del Carmen de la Plazuela los Bandos. La mañana estaba fresquita en consonancia con el mes de “el frío al rostro”. Apacible y luminosa. Los últimos  vencejos se despedían en cortejo de su temporada veraniega. La plaza olía a riego tempranero, a flores y rosas de temporada.  En el aire se respiraban ambiente festivo, amores nupciales y ensueños maduros. El recuerdo retorna con tonos vivos. La novia llegaba exultante. De largo y blanco tocada de azul. ”Blanca y radiante” como rezaba la canción popular. Puntual – caso infrecuente en el gremio. El novio de media etiqueta: chaqueta negra y corbata y pantalón gris a rayas, como muestra alguna de las fotografías del acto. Los invitados, de gala y de estreno, según prescribían los cánones: atuendos alegres, festivos y espectaculares. Festival de sonrisas, esperanzas, reencuentros y colores.

La ceremonia religiosa resultó normal y sencilla. En consonancia con la iglesia anodina de mediados del siglo XX. Párroco desconocido y mayor y en edad de jubilación. Ni acordes de órgano, ni música de ninguna clase. Sin lecturas, ni palabras de familiares o contrayentes. Sin olor a cirios ni aromas de flores, incienso o solemnidad. Suple esas frías deficiencias el pensar, simplemente, cómo la habrían organizado hoy mis hijas y yernos, mis nietas/os, mis sobrinas/os, todos ellos tan musicales, coristas e intérpretes, polifacéticos y polifónicos. Quiero llamar la atención sobre la internacionalidad y multiculturalidad del acto:  en imágenes de archivo aparece un  joven, devoto y ensimismado, que fue uno de mis alumnos del Instituto Goethe de Frankfurt, quien circunstancialmente pasaba un par de días en Salamanca.

 La asistencia no fue multitudinaria como solía ser lo habitual en aquellos, y en los sucesivos tiempos. No ascendía, ni con mucho, al centenar. Sin presumir de progresía, ya entonces no compartíamos el gusto por esas celebraciones ostentosas. Enemigos también de la oficialidad de fotógrafos, nos horrorizaban las horrendas y carísimas fotos de estudio. Pero en este tema tuvimos que entrar por el aro. El mejor recuerdo de la ceremonia religiosa y el que, con tonos más vivos, pervive en nuestro álbum de bodas, es la alegría y cordialidad de los invitados más próximos y por supuesto la alegría de los contrayentes al momento de estampar la firma, como demuestran algunas de las fotografías.

El “Banquete” fue de segunda. En el Regio de la Plaza Mayor. La “high society” celebraba el fausto acontecimiento en los jardines y salones de lujo del Hotel  Regio en la carretera de Madrid. Como mi memoria culinaria y mis intereses gastronómicos distan de ser excelentes (no suelo recordar ni  la cena de la noche última), no puedo recordar el menú del banquete. Solamente puedo referir que no debieron faltar los mariscos, ni un plato de carne y otro de pescado como exigía el guión. Debió ser de beneplácito general, según muestra el semblante satisfactorio de los novios en foto del balcón del restaurante, con la Plaza Mayor como testigo.

También pintoresco resultó el tradicional momento final del Respigo (1) y el desfile de los invitados por la mesa de los novios. Como la pareja de recién casados iba a residir en Alemania, sin vivienda o domicilio fijos, la ofrenda solía ser dineraria.  Me falla la memoria a la hora de recordar el montante de la ofrenda. Las finanzas no han sido nunca mi plato fuerte.

Una lamparita, sin embargo, continúa resplandeciente en la noche de los tiempos. No pudo faltar “El baile de la Boda” en uno de los reputados salones de baile salmantinos, el Moderno que, en honor a la verdad,  tenía de todo menos de modernidad. Pero insustituible en el protocolo de los festejos nupciales. Los novios, ninguno de los dos expertos bailones, cumplieron a la perfección con el protocolo, marcándose el inicial vals de rigor. El resto fue continuidad de plácemes y parabienes y flecos del tradicional mencionado respigo.

Una vez caldeado el ambiente y animada la fiesta, la” parejita”, haciéndose los suecos, inadvertidamente, hizo mutis por el foro y en el taxi que esperaba a la puerta del local, enfiló veloz a  refugiarse en la calle Fray Luis de Granada, en la casa de Aurora y Delfín. Un breve respiro, el suficiente para cambiar la vestimenta de ceremonia por la ropa de calle, y con una maleta de fin de semana, emprendió el taxi el “Viaje de Novios” más insólito  y extravagante  de su carrera. No tomaría el habitual rumbo a aeropuertos o estaciones internacionales de ferrocarril,  generalizado punto de partida de “Lunas de Miel”.

Todo dispuesto y ordenado por el cuñado Nacho, el coche, con los dos tortolicos arrullándose en los asientos traseros, tomó rumbo a la sierra salmantina, cruzando, por carretera provincial, dehesas de sombríos encinares hábitat de ganaderías charras de toros bravos. El viaje se hizo muy corto. A la caída de la luz, cada vez más tenue del sol poniente, arribaba la feliz pareja - ¡al fin solos y juntitos para siempre! – al lugar más original, insospechado e imprevisto para una “Luna de Miel”. Si algún lector curiosillo quisiera localizarlo en el mapa, le recomiendo que no deje de leer el próximo capítulo  sobre la luna de miel.
  

(1) Respigo (salmantinismo) era el desfile de los invitados por la mesa de novios, padres y padrinos, aportando cada uno su regalito o aportación en metálico. Costumbre que ha ido evolucionando y que fue sustituida, en algunos casos, por la “lista de bodas” en seleccionadas tiendas de regalos.