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martes, 27 de octubre de 2020

Amigos de la Adolescencia y Primera Juventud : Amigos para siempre

En busca del tiempo perdido

Hay Amigos que dejaste, y de los que te alejaste, pero que nunca te olvidaron… ¡ni olvidaste! Precisamente éstos, Amigos de largo recorrido, mejor, de larga duración, arrinconados en el corazoncito de mi memoria, volvieron a encontrarse en la jubilación tras larguísimo interregno de más de medio siglo (1945-1996). Dispersos y dedicado cada uno a su correspondiente profesión. Estos eran amigos de los de “Antes de la guerra”, con la religión como denominador común. Este Blog sería papel mojado, memorias muertas, si no estuvieran impregnadas del afecto y cariño de quienes nunca me olvidaron. Mi vida ha estado siempre ligada a la vida de otros. 

Capitaneando esta serie figuran en el presente capítulo los Amigos de la adolescencia y primera juventud del Seminario. Aunque mi memoria no pasa de discreta, podría repetir con pelos y señales, es decir con nombres y dos apellidos, la lista completa que por orden alfabético reposa en mi archivo particular:
  


Manuel Almeida Cuesta 
Tomás Amores Dorado 
Manuel Cuesta Palomero 
Teodoro Curto Polo, etc., etc. 

Así hasta la veintena larga que quedó mermada en 2º de Filosofía con la deserción, antes del paso a la Teología, de un trío de amiguetes: Juan Martín Jacoba, Neftalí (Tali) Mulas Fernández y este bloguero.


A pesar del rumbo tan dispar que tomaron nuestras vidas, tras varias décadas de distanciamiento y olvido, una docena superviviente del grupo - cinco seglares y sietes eclesiásticos - volvieron a reencontrarse en el horizonte de la jubilación, gracias al entusiasmo, al don de gentes, vitalidad y personalidad de Manolo Cuesta Palomero, el más joven de la manada. Con su poderío organizativo supo localizar y reunir a los viejos amigos de antaño, dispersos por la geografía hispana, en los denominados "Encuentros Veraniegos": reunión anual vacacional, consistente en celebración litúrgica solemne en la iglesia del pueblo del amigo organizador y “banquete” fraternal en un restaurante de la comarca. Inolvidables sobremesas en las que la cordialidad, el buen humor y la jovialidad eran las dominantes. Reseñables y memorables fueron los siguientes encuentros:

  1. El de la comarca de Vitigudino. Organizador Andrés Fuentes, el intelectual del grupo, catedrático de la Ponti y párroco de San Martín. Progresista e innovador y popular por sus conflictos con las autoridades franquistas. En esta excursión se sumó al grupo Andrés Domínguez, de Añover de Tormes, quien, aunque ajeno al curso, fue admitido por su proximidad a los ledesminos y su contagiosa bondad y campechanía.
  2. El de Frades de la Sierra, pueblo natal del popular poeta charro-extremeño Gabriel y Galán y de nuestro amigo, poeta también, quijotesco por su figura y... “·santo”, Dámaso García. El apodo entrecomillado tenía su aquel. El bonachón de Dámaso, desahuciado en el sanatorio antituberculoso salmantino de Los Montalvos por tuberculosis doble, salvó, según propia confesión, gracias a un favor de la Virgen, como testimoniaron su fe, su vozarrón, y su ejemplar comportamiento. Afable y de fascinante espiritualidad, la primera felicitación navideña era todos los años la suya. Siempre acompañada de algún versito y alguna estampa de la Virgen.
  3. Estrenando siglo, el año dos mil le tocó en suerte al de la comarca de Peñaranda, según testimonia la presente foto de la eucaristía en la iglesia catedralicia peñarandina. 

    También aquí aparecieron - según testimonia la foto- dos compañeros desertores en tercero y cuarto curso: Jesús García Bernal y Teodoro Curto Polo, ambos virtuosos de la música. Jesús, (el 1º, de blanco, en la izda de la fila) tan humilde y cordial, sucedió a su padre, famoso compositor y director salmantino, en la dirección del Coro de la Universidad de Salamanca. (No perdonarían mi negligencia, la sobrina María José Herrero y el carísimo primo Benjamín Pedraz si no hiciese pública su participación en dicho coro). Con todo afecto fue también acogido Teodoro, detrás de Jesús, el mejor mozo del grupo sobresaliendo con Dámaso en el otro extremo. 
  4. Inolvidable también el "encuentro" organizado por el entrañable y humilde Daniel Martín de Gajates por la comarca de Alba de Tormes, visitando algunas de las mozárabes iglesias de la zona: Turra, Alaraz, Macotera, etc. En Alaraz recordamos al amigo y compañero Salvador Sánchez, hijo del pueblo, uno de los primeros fallecidos del curso y que más alto había ascendido, organista de la catedral de Ciudad Rodrigo. Daniel sería además el primero del grupo que nos abandonaría para siempre y cuya amistad trascendió más allá de lo estrictamente veraniego. En cierta ocasión nos invitó a Palmira y a mí a su casa familiar en Gajate y aprovechábamos la mínima oportunidad para vernos en Salamanca El festejo gastronómico tuvo lugar ese año en unas monjas de Alba. El mundo es un pañuelo: en una capillita madrileña de esta congregación en Moncloa celebrabamos con Patino la primera comunión de Lucila organizada, por unas monjas procedentes de la casa de Alba. 
  5. Motivación y peculiaridad registró nuestra excursión por Tierras de la Armuña. El pueblo elegido para nuestra celebración anual fue Villaverde de Guareña, patria chica de Eduardo Fernández Villaverde, como recuerdo y muestras de afecto al amigo, uno de mis compañeros más fieles y cercanos, fallecido de accidente, bañándose en el Mediterráneo. Su familia nos acompañó en la celebración litúrgica. Y su recuerdo empañó el Encuentro del año, pues, no recuerdo exactamente el lugar de la comida de ritual. Vagamente me viene a la memoria por lo irracional de la toponimia el pueblecito de Sieteiglesias, con su minúscula e insignificante iglesia. 
  6. Inolvidable fue el Encuentro organizado por el fidelísimo Manolo Almeida en su pueblo albense de Martinamor. El pueblo festivo asistió en masa a la solemne celebración numerosa jamás vista y oida con el coro “polifónico” del grupo, todos ellos cantores “de talla”. La comida tuvo lugar en el popular restaurante de Cuatro Calzadas en la carretera de Béjar. Local que se convertiría en lugar de encuentros familiares y de amigos. No puedo pasar por alto la multitudinaria y festiva celebración de las Bodas de Oro de los abuelitos María y Clemente. También Cuatro Calzadas fue inolvidable centro comunal de cenas vacacionales veraniegas de matrimonios vizcaínos y charros: hermanos, primos, amigos etc. No me resisto a enumerarlos por parejas y que el lector bloguero los ubique debidamente: Tina-Nacho, Dori-Pepe, Palmira -Manolo, Consuelín-Benjamín, la Tante-el Onkel y Boyero, hijo de la Vecina Veleña (perdón por tan discordante inciso. Y sigamos a lo nuestro). 
  7. Memorable - y último festejo amigable reseñable - fue el organizado por José Sánchez Vaquero en su pueblo, Horcajo Medianero y en el famoso santuario de todo. También en Horcajo celebramos el ágape organizado muy dignamente por José y su hermano mayor Acisclo. Ambos hermanos, cara y cruz de una moneda, se deshicieron en atenciones. Gordito, panchote y tranquilote Acisclo, y activo, influyente, innovador y profesor de la Ponti José. Formado en Roma fue un luchador por el ecumenismo, la unión de las iglesias. Todos los años organizaba congresos y celebraciones ortodoxas-romanas. La Virgen de Valdejimena el día de su romería, una de las más populares de la provincia salmantina. Solemne misa y procesión multitudinaria por el recinto de la ermita, con gradas y bancos.
  8. El año que estaba proyectado el Encuentro en Carrascal de Velambélez, organizado por este bloguero, en la recién restaurada iglesia monumental de “su” pueblo, con comida en un afamado restaurante de la Vega de Tirados, moría de infarto, inesperadamente, Manolo Cuesta, celebrando misa para excursionistas, en Canaa de Galilea, en el escenario de las famosas bodas que faltando el vino, tuvo lugar el famoso milagro de la conversión del agua en vino. Consecuentemente, con la desaparición de la cabeza, alma y corazón del grupo, y la muerte de Daniel, “la pandilla” fue mermando y debilitándose, estrechándose la amistad y frecuentándose los encuentros en Salamanca, ya reducido al trío de matrimonios Teodoro-Charo, Juanito M. Jacoba y esposa y Manuel José (como me llamaban mis compañeros)-Palmira. Con frecuencia acompañados, y nunca olvidados, del fidelísimo Almeida, quien incluso se acercó a “mi” Carrascal a bautizar a nuestro Martín. Vivencia solemne y festiva, amenizada por el polifónico coro familiar. Manolo Almeida fue el penúltimo fallecido del grupo. Por diversos conductos, y sin habernos enterado de su muerte, nos llegaron noticias de su funeral en la iglesia de la Purísima: multitudinaria despedida jamás vista. Los asistentes llenaban incluso las aceras del exterior de la monumental iglesia con las puertas abiertas. 
Al recuerdo, y al recordatorio para siempre, se sumaron también Juanito y Teodoro, ambos tras larga enfermedad. Hace cuatro y dos años respectivamente. El pequeño y vivaracho Juanito, gran tipo en todos los terrenos y registros. Muy religioso a pesar de la “deserción”. Profesional integuérrimo. Director, hasta su jubilación, del colegio público Francisco de Vitoria, al que dió prestigio y reconocimiento. Teodoro, el “mejor mozo” del curso, solamente estuvo tres o cuatro años en el seminario, los suficientes para que sobresaliera como niño de coro y sus excelentes dotes musicales. Suya y de Charo fue la última felicitación navideña del grupo. 

El último en dejarnos a Palmira y a mí, los dos más afortunados, fue Ovidio, ya confinado, y tras varios años de lucha contra el Alzheimer, se rumoreó que incluso hasta pudo ser de Coronavirus. Aunque frío y distante, siempre leal, nos unió siempre especial y recíproca estima como paisanos ledesminos ambos: él, natural de El Groo, uno más de los numerosos y minúsculos poblados charros vaciados, y yo del Carrascal vaciado en invierno y redivivo en verano.

Mas, este capítulo de Amistades singulares resucitadas estaría incompleto sin un breve recordatorio a uno de los amigos carismáticos del curso, el esperpéntico, pero entrañable, Talí. En una de las habituales y amenas sobremesas de nuestros Encuentros salió a colación la historia del pinturero y desaparecido Talí, Neftalí Mulas Fernández, uno más del grupito de desertores del curso. Paisano de Teodoro, ambos de Gomecello, eran como el día y la noche. Talí, con residencia y rumbo desconocidos, era cual Guadiana que aparece y desaparece. Solitario, vagabundo, divertido, inteligente... ¡poeta! Siempre con un taco de poesías en el bolsillo teniendo que tragarnos siempre alguna de ella quisieras o no, por las buenas o las malas: versos modernistas, revolucionarios, prosaicos... Dos veces apareció en mi camino tras años de silencio absoluto. Apariciones dignas de historiar y agradecer: 
  1. Residiendo este bloguero en Frankfurt desde hacía varios años, pero sin perderse vacaciones estivales en Palacios, moría repentinamente mi padre en Salamanca. Enterado Talí por la prensa de su fallecimiento, apareció en el velatorio en casa de mi hermana para darme el pésame... Abrazo amistoso... ¡memorable e impagable!
  2. Después de muchísimos años, asentado yo definitivamente en Madrid, apareció un día cualquiera, sorpresivamente, en la puerta de mi despacho de la Complutense extraño personaje casi irreconocible. Envejecido, envuelto en pelliza anticuada de antes de la guerra, solicitando ayuda para su doctorado. Era el inconfundible Talí, catedrático en un Instituto de 2ª  enseñanza madrileño. No faltaban las consabidas poesías en su bolsillo. Pero él no volvió a aparecer en nuestro entorno. Y no muchos años después llegaba la vaga noticia de su muerte. Noticia similar llegaba de los dos últimos sobrevivientes Juanito y Teodoro.
Y hete aquí que, sin pensarlo ni buscarlo, la afortunada pareja de Palmira-Manolo capitaneaban en solitario una edad en la que no se exige nada y en la que sobran tantas cosas. Bástenos Familia y Amistad - ambas con mayúscula - para ser felices. Felicidad a la que han contribuido los reencuentros con Amigos de los años de formación y juventud que, aunque desaparecidos durante años, reaparecidos al final, fueron los forjadores de una amistad que pervive agradecida en el recuerdo. 

miércoles, 17 de febrero de 2016

DE PROFESIÓN… Profesor multidisciplinar II

Disculpe el lector que este capítulo, más que académico o academicista, sea en las “postrimerías de mi carrera” especie de rendición de cuentas y nómina de agradecimientos. Melodía académica. Reandar el camino, recreándome en lo más valioso aprendido y enseñado en las orillas: ¡el cultivo de la Amistad!, ayuda magistral para capear el temporal en situaciones borrascosas y conllevar con sabiduría y serenidad Pasado y Presente.
“Felices quienes han encontrado en su vida al menos la sombra de un amigo” (Anónimo)

Fueron muchas, -¡muchísimas!- las nuevas amistades de este conquistador de la Amistad, españolas y extranjeras, a lo largo y ancho de mi silencioso recorrido Complutense. Colegas de toda talla y colorido de universidades alemanas, austriacas y españolas: Munich, Berlín, Frankfurt, Münster, Leipzig, Viena, Innsbruck, Graz, Salamanca, Sevilla, Valencia. Pero la Amistad, asignatura optativa, precisa también de pericia, celo y cuidados serios. Y de atenciones especiales. Mimos y cariños.

Numerosos fueron las y los colegas que transitaron por la” calle” de San Isidro en Majadahonda, disfrutaron  del retiro de La Colina en Palacios del Arzobispo y “gozaron de la apacibilidad de los días” (Lcdo. Vidriera) de Salamanca. Relaciones que la jubilación, la distancia y el tiempo han ido enfriando y apagando. ¡Cuántas de ellas han desparecido del cofre de mi memoria! Mas ¡algunas quedan! Las bien guarnecidas y mimadas ni mueren ni se olvidan.

Homenaje a D. Emilio Lorenzo
Para esa nómina bastan  los dedos de una mano. En su catalogación figura a la cabeza Mª Luisa Schilling, la sinceridad y sencillez personificadas, sosiego y paz entrelazados, Verdad y Cariño sin tapujos ni cortapisas. ¡Santa Clara bendita! A ella debo - ¡sin que ella lo sepa ni se lo imagine! - el continuar disfrutando todavía del ejercicio de la escritura. Suya es la  primera felicitación en cumpleaños y efemérides importantes. Y “the last but not…” las delicias de su cocina de “master chef”. Sin ella no sería lo que es mi querido y admirado Nano. Nada tiene que ver con docencias ni germanísticas, aunque chapurrea el alemán, pero es doctor honoris causa en la asignatura que estoy desarrollando. Noble y noblote si los hay. La bondad hecha dulce palabra. Sin ellos tampoco disfrutaríamos, tanto Palmira como yo, de los besos y abrazos supercariñosos de sus hijas Clara y Berta. En suma, se trata de un cuarteto que por méritos propios ha ascendido del círculo de amistades al grupo de familiares.

Pisándoles los talones sigue Mª Jesús Gil capitaneando la lista de alumnado fiel y posteriormente como joven profesora compañera: dulce, angelical y trascendente sonrisa. Sufridora de nostalgias. Luchadora ejemplar contra adversidades inmerecidas, ha encontrado al final el premio justo y justipreciado (¡válgame San Rafael - en lo mejor de mi sueño me despierta tu querer!) y nunca le falta tiempo para recordar a quienes la queremos. A su recuerdo hay que añadir el de su cariñosa madre - la actriz Mª Jesús Valdés - en veladas inolvidables y en la simpática e histórica celebración de final de carrera de su hija, con compañeras de curso y profesores seleccionados, en su casa de La Moraleja, donde me cupo el gran honor  de actuar como paellero mayor.

Los viajes matinales a la Facultad, turnándonos en la conducción, con Mª Teresa Zurdo y Ramón, aunque ya muy lejanos, sirvieron para fraguar amistad, que no se puede, ni debe, pasar por alto. Prueba testimonial son esos encuentros, escasos pero cordiales, en la Gran Vía majariega: besos y abrazos en los que se alegra el alma y el corazón se ensancha.

A otros niveles y especímenes merece figurar el donjuanesco trotamundos - finalizó su carrera docente de catedrático en Alicante - Miguel Ángel Vega, quien me superaba en todo: jovial, elegante, barítono seductor, culto, erudito - no se le resistía biblioteca o museo europeos. Las malas y maliciosas lenguas nos apodaban “la l y la i”, siempre que formábamos pareja en las numerosas actividades académicas y deportivas conjuntas: encuentros, congresos y excursiones con alumnas/os o compañeros a Ronda, Salamanca, Austria, Alemania… etc., etc.

Y por último, cerrando el quinteto, Manolo Montesinos, el fidelísimo compañero de la universidad de Salamanca, quien todos los veranos, en compañía de su Helena - amiga con h y con mayúscula - cumplen con la devoción, y celebración, de merienda y reencuentro en Palacios o Cabrerizos.

Gracias a todos vosotros que, con vuestro cariño, habéis sido los culpables de este breve capítulo en los finales de mi “carrera”.


NOTA aclaratoria: En la foto - Homenaje a D. Emilio -, Antje y Quique reconocerán a varios profesores de los Departamentos de Alemán e Inglés. También Blancaluz puede localizar a algunos de las compañeras/os del Opa. Por orden de primacía - ¡a localizarlos tocan!: Mª Luisa Schilling y Nano, a quienes va dedicada la foto, (¡qué pinta Nano ahí escondido!), Cerrolaza, Mª Teresa Zurdo y Ramón, Miguel Ángel Vega, Rosa Piñel (compañera de tenis), Barjau, etc., etc.

viernes, 29 de enero de 2016

De profesión…profesor multidisciplinar I

“Hay que pasar la hoja – El pasado ya pasó” (Paulo Coelho)

Y de vocación… esposo, padre, Opa y amigo. Y de afición… naturalista y pajarero especializado en germanística. Cual pajarillo saltando de rama en rama, desde los inicios de jovenzuelo como maestro sustituto en su pueblecito natal, deambulando profesionalmente sin rumbo fijo, y de salto en salto por tierras y pueblos extraños, acabé aterrizando definitivamente en Barajas, mejor dicho, en la Complutense de la metrópoli madrileña. Casi sin pensarlo ni guisarlo, según publicitado en el Capítulo de “Algorta a Majadahonda…”, para finalizar descansando en la ansiada jubilosa jubilación de Majadahonda.

Los comienzos en la metrópoli no fueron jardín de rosas. Llegaba a Madrid convaleciente después de  casi un mes en el hospital bilbaíno de Basurto. No sé cómo explicarme o explicarlo, ahora de bloguero octogenario afortunado, a distancia planetaria, perdido en la nubecilla gris de la memoria: ¡agridulces  los episodios, circunstancias y hechos borrosos de la historia de aquel cuarto de siglo!

¡Qué fenómeno tan raro! Así, a bote pronto, se me ocurre pensar - comenzando por lo que no debo desvelar - que la pesadilla y causa de mis insatisfacciones y sinsabores radicaba en que, más que a enseñar, fui a la Complutense a trabajar a destajo, a aprender y a estudiar. A leer de prisa y sin pausa lo prescrito y obligatorio. A investigar con tesón para conseguir quinquenios. Eso sí, en mis predios favoritos: Picaresca europea, Romanticismo germano, Novela alemana de postguerra - mi predilecto Heinrich Böll a la cabeza, etc.

Ingratos fueron aquellos  principios paupérrimos de la Filología Moderna - con más asignaturas que alumnos y profesorado. Materias dispares: lengua y literatura alemanas, cultura y civilización ídem, comentario de textos, lingüística germánica... Clases a discreción. Simultaneando CEU e Instituto de Idiomas. ¡Y si éramos pocos… curso nocturno! A petición de media docena de alumnos profesionales en activo. Y si aún no fuera suficiente… ¡el primer año, curso de doctorado en Deusto los sábados por la mañana! Viajando en tren los viernes por la tarde a Bilbao, para regresar los domingos por la noche.

Fachada de Facultad de Letras (UCM)
Foto de Nano Abad
Pero, siguiendo el sabio consejo que reza: “En la jubilación no debemos estar lamentándonos  del Pasado,  pues, lo único que se consigue es amargar el Presente”, debo confesar que, a pesar de los pesares, en mi  tránsito por Compluto las luces predominaron sobre las sombras: aprendí a cerrar puertas, abrir capítulos nuevos y derribar viejas barreras. Fundamental fue acabar, tras varios años como agregado provisional, con la inestabilidad e interinidad profesionales previo paso por las termópilas, la malhadada y satánica prueba de las dichosas oposiciones. El desarrollo  de la misma merece ser reseñado por la singularidad y exotismo de las circunstancias. Tres éramos los candidatos a dos plazas de germanística en la Facultad de Letras de la Complutense. Los tres ¿amigos? Dos de Madrid y uno de Valencia. Presidente del tribunal D. Emilio Lorenzo, quien en un alar de imparcialidad y para evitar suspicacias de nepotismo, decidió que la oposición se celebrase en Salamanca como campo neutral. Los dos candidatos madrileños se alzaron con las dos vacantes y el tercero tuvo que conformarse con aprobado sin plaza. La suerte - tocada de charra - me sirvió de aliada y compañera de fatigas obsequiándome como regalo de Reyes con el “number one”, a pesar de que éstos ya habían pasado, pues, las pruebas tuvieron lugar el 6 y 7 de enero. Sin asomo de falsa modestia, debo aclarar que fue premio a mi edad o experiencia profesional, ya que en el primer apartado, “relación de méritos” o exposición del currículo fui obsequiado con 4,50 puntos -¡el máximo eran 5! - con doble valor en el cómputo global, sumando en consecuencia 9, cuando 10 eran los puntos necesarios para el aprobado.

Para más inri, al hoy bloguero de “Semblanzas Románticas”, los hados fueron tan espléndidos con él, que sacaron del bombo la bolita de “Die deutsche Romantik” como lección magistral. ¡Sin comentario! ¡Toda la cuadrilla de mis amiguetes románticos alemanes bailando en coro celestial a mi alrededor  echándome una manita!

No puedo pasar por alto la celebración del acontecimiento: Los cuñados Tina y Nacho - continuamos  agradeciéndooslo, aunque ya no estéis con nosotros - obsequiaron a los triunfadores con una suculenta degustación de productos de la tierra regados con el bon vino de la propia bodega en Entreencinas, su chalet de Palacios.

Los esbeltos cedros del jardín meridional
(Foto de Nano Abad) 
Como podrá irse percatando el lector ladino, en esta croniquilla alternan luces y sombras. Pasemos página de estas últimas. En el paisaje de la Complutense, en la antigua Facultad de Letras - ignoro su  actual etiquetación - continúan enhiestos y esbeltos los cedros y pinos de su jardín meridional. Pero ha desaparecido el trino de los ruiseñores que anidaban en los setos y arbustos, ahuyentados por el tráfico contaminante y la invasión del cemento y el ladrillo. Viva, simpática e irrepetible permanece, sin embargo, aquella clase práctica al aire libre, cuando “¡por mayo era por mayo!”, coincidiendo poesía amorosa medieval alemana con el jardín en explosión  primaveral, con Walter von der Vogelweide como poeta animador y con la amorosa sinfonía del ruiseñor. A “papá González” -  filial apodo en  aquel cariñoso, reducido e irrepetible curso, se le ocurrió permutar el aula por el idílico jardín de verde césped, rosas de Alejandría  y rumoroso surtidor. Y al comentar una de las numerosas  Minnelieder (canciones de amor) en las que el ruiseñor era coprotagonista y símbolo de la fidelidad en el amor, una sonora carcajada interrumpió la poética escena literario - campestre. Una alumna, compañera y amiga de Antje y Quique en “comunes”, confesaba avergonzada y ruborizada su ignorancia supina: “¡Qué vergüenza! Ahora comprendo. ¡Y yo que creía que el “Nachtigall” era un cuervo. También divertido fue el comentario sobre arboricultura. Para la mayoría de las asistentes, todas las coníferas - por ejemplo abetos, cedros y cipreses - eran pinos.

En su afán didáctico el viejo profesor defendía el principio de la amenidad y abominaba el aburrimiento en la pedagogía. Y hasta se permitió introducir en su programa, creándola y practicándola, la asignatura de la Amistad. Pero esta intrusa en mi plan de estudios particular bien merece otro capítulo.  

jueves, 28 de mayo de 2015

De ALGORTA a MAJADAHONDA y de DEUSTO a la COMPLUTENSE... ¡penúltimo traslado!

La hoja de ruta, como se dice ahora, o la trayectoria profesional y migratoria - como se ha dicho siempre - va llegando a su fin: rumbo meridional y salto definitivo. Finalmente el penúltimo tras media docena de tentativas. Punto final a la serie o retahíla de cambios y traslados que, según proverbio alemán, son peores que un fuego: "Lieber ein Feuer als ein Umzug". ¡Una brizna de andaluz tienen también los germanos!

Pues, aunque sea cierto que todo cambio conlleva riesgo y aventura, "¡no es tan fiero el león como lo pintan". Es verdad que la incertidumbre y alteración de costumbres y rutinas acarrean siempre rupturas. No se sabe si para bien o para mal. Si será ventajoso o perjudicial. Generalmente la esperanza y la ilusión superan esfuerzos e incomodidades.

Los jefes ya en su nuevo salón
Nuestro nuevo salto, el penúltimo (el último será el definitivo, para siempre, en solitario y sin retorno, en simple caja de madera) fue salto atlético: del Norte húmedo, verde y lluvioso al Centro, seco y continental. De la Algorta señorial y marítima a la Majadahonda, todavía entonces con herencias de poblado rural y campesino, transformado en ciudad dormitorio madrileño. De ser humilde población de 5.000 habitantes ha pasado a ser moderna urbe burguesa de 50.000, compitiendo con las vecinas residenciales de Pozuelo y Las Rozas.

El cambio fue brusco: cambio de clima, de paisaje, de vecindad, de trabajo… de circunstancias variadísimas. Supuso para padres e hijas cambio de aulas, de compañeros(as), de ritmo de vida y de trabajo: Palmira se reincorporaría a la docencia oficial – hoy apodada pública - pasando del Colegio Americano, privado, familiar e íntimo a propietaria definitiva y fija en Hoyo de Manzanares, tras un ligero paréntesis en Madrid y Villaviciosa de Odón. El cambio de aires siempre es sano. Y más todavía si, como en el caso de Palmira, su colegio estaba ubicado en las estribaciones del Guadarrama.

Olímpico fue el salto del "jefe": saltar de Deusto a la Complutense fue como pasar del día a la noche. De universidad privada, limitada y familiar, al campus universitario probablemente más amplio y multitudinario de Europa, rebasando ya entonces los cien mil estudiantes, con diversidad y variedad ingente de Facultades y Escuelas Superiores, multitud de colegios mayores, amplias zonas deportivas y ajardinadas… y una Facultad de Filosofía y Letras con múltiples especialidades, sus correspondientes departamentos y cuantiosa dotación profesoral.

La elección de lugar de residencia y cambio de piso fue proceso lento y laborioso. Pero bien planificado. Primeramente había que vender el piso de Kasune, dosificar ahorros y sopesar presupuestos, compaginar la venta en Algorta y la compra en Madrid. El primer capítulo debió resultar fácil y satisfactorio, pues en el desván de mi memoria no aparece referencia alguna financiera al caso. La segunda parte fue más lenta y costosa en el doble sentido de este adjetivo último. Se trataba de traslado diferente y definitivo de una pequeña población residencial a la metrópoli del país, con distancias, tráfico y costes endiablados. 


Una vez alojado y asentado en un colegio mayor del campus, próximo a la Facultad de Filosofía y Letras, y familiarizado con el trabajo en la Universidad, inicié mis correrías inmobiliarias. Acostumbrado a vivir siempre distanciado de la urbe, tanto en Frankfurt como en Bilbao, Madrid capital quedó descartada desde un principio. Asesorado por compañeros residentes en Majadahonda y conocedores de la problemática, tras visita a numerosas urbanizaciones del norte y noroeste madrileños este pequeño pueblo del NO fue el predestinado. A su favor contaba su ubicación. La cercanía y fácil acceso a la A6, carretera de La Coruña, propiciaba el cómodo desplazamiento diario a la Complutense – exenta todavía de los torturadores atascos matinales de hoy día- y acortaba y facilitaba las soñadas idas y venidas a la patria chica, a la “Salamanca que enhechiza la voluntad de volver a ella” y vacacionar y sestear en la Colina de Valmiguel.

Y pronto logré conquistarme amistad y afecto
de alumnas y compañeros
La partida fue espaciada y bien programada, por Palmira en un ala y yo en la otra. Aunque el primer paso en lo profesional fue duro y costoso. Había que redoblar esfuerzos, horas de estudio y dedicación. Más de medio curso, de enero a junio, compaginando y alternando Complutense y Deusto. Convaleciente todavía de una larga estancia hospitalaria en Basurto, debutaba en enero en la Complutense, residiendo parte de la semana en Madrid y regresando en tren a Bilbao los viernes por la tarde para impartir los sábados un curso de doctorado en Deusto. La convivencia diaria plena con estudiantes rejuveneció y suavizó mi programa. Inolvidables los paseos nocturnos tras la cena con jóvenes amigos filosofando y polemizando, y los campeonatos de tenis en las canchas del colegio. 

Cena familiar con el abuelito presidiendo
En este episodio familiar resta un capítulo por reseñar, el del nuevo rumbo y despedida de Algorta de nuestras hijas, ambos muy tomados en consideración por tratarse de decisión trascendental: Lucila, la pequeñita, no planteaba problema alguno, ligada como estaba todavía al regazo materno continuaba acompañando a su la mama en su nuevo colegio. Pero nuestras hijas mayores, comenzaban a enraizar y encariñarse con pandillas de amigas(os) del Puerto Viejo de Algorta.

Antje, al no estar reconocida de pleno la universidad de Deusto, tuvo que convalidar y repetir algunas de las asignaturas de 1º de Filosofía y Letras aprobado en Bilbao. Emma preparaba el ingreso en Bellas Artes. Eso sí, en Madrid disponía de más academias privadas especializadas para preparación del examen… y Blancaluz remataba bachillerato en Pozuelo, el único Instituto de Enseñanza Secundaria de la zona por aquellos años. Todas tuvieron la felicísima fortuna de disponer de este Bloguero como chófer particular y compañero de viaje, sincronizando viajes e itinerarios de estudios con mi ruta al trabajo en Complutense, añadiendo idas y venidas a Pozuelo o Moncloa.

Mi Deusto y nuestra Algorta, y mi Complutense, proseguirán siendo míos en el recuerdo y en la infinidad de fotos que los mantiene nítidos y próximos. Esto de los recuerdos es un regalo con el que disfrutamos al resucitarlos. 

Pero también pueden reabrir heridas que considerábamos restañadas. Recién asentados en Majadahonda y antes de estrenar curso, a principios de septiembre de 1976 moría la abuela María, la madre de Palmira, sin ver - ¡aplazando el viaje por su enfermedad!- cumplido el sueño de venir a Majadahonda a conocer el nuevo piso de sus hijos, de los que tanto presumía.

Y para terminar, y puestos a filosofar, debo anunciaros que mi último traslado, como narrador de este blog, no tendré energía para escribirlo. Y también informar que el blog cambiará en menos de un año de título, ya que al octogenario le restan meses para cambiar de década y de octogenario pasará a… ¡nonagenario! Eso sí, igual de romántico y de afortunado.