Correrías por
autopistas y carreteras nacionales y extranjeras, principales y secundarias. Caminos de carros
y cañadas de mesta, todos ellos itinerarios inolvidables. Comencemos por el del
principio, como deben comenzar las cosas y las narraciones, por el de la
posesión e inauguración de uno de los principales protagonistas de la serie.
1ª- El estreno del VW- conocido en España como Escarabajo - el
primero de nuestro parque móvil todavía provoca hoy temblores y sudores en el
hoy jubilado conductor. Estrenando coche y carnet de conducir, con el abuelito
Clemente de copiloto, circunstancialmente en Frankfurt para celebrar la llegada
de su primera nieta alemana - abandonábamos uno de los concesionarios de la Volkswagen de las afueras
de Frankfurt, cuando… ¡Oh! ¡Horror! ¡Fatalidades del destino! Como a 200 metros
del recorrido en un cruce de carreteras, al policía director de tráfico se le ocurre alzar brazo y mano quitándonos la preferencia. El novato conductor consiguió a trancas y
barrancas, con tanto nerviosismo como torpeza, acertar con el punto muerto y el
freno de pie. Mas, cuando al agente se le ocurre darnos paso, mi VW que no
arrancaba… Tras la intentona del conductor y la insistencia del agente, quien
ya se acercaba parsimonioso a ayudar al inexperto; éste consiguió meter la
primera y el coche se puso en movimiento.
2ª- A este anecdótico
incidente, el primero de una larga serie, siguió el primero de los accidentes reales
en Alemania, escasos afortunadamente y que no pasaron de leves. Plácidamente, orgullosos y endomingados, a primeras horas de
un anochecer otoñal y en su flamante nuevo Opel, viajaban nuestros
Palmira-Manolo por “carretera comarcal con preferencia”, hacia un pueblecito
del Taunus, invitados a cenar por el amigable e inolvidable director de la escuela profesional de Farbwerke Höchst. ¡Quién
iba a pensar, sin embargo, que el ya “curtido” conductor internacional, y su
“experta copilota” iban a saltarse a la torera y consecutivamente, varias señales
de tráfico! La primera indicando la “anulación de preferencia” de la carretera (pequeño
rombo amarillo) y las dos siguientes una
anunciando el Stop a 150 metros que, cuando el distraído conductor quiso frenar
se había saltado, golpeando levemente la trasera de un coche que venía por la
izquierda y cruzaba la calle principal atiborrada
de gente. El ruido del impacto, el tumulto de los viandantes curiosones que
rodeaban a ambos vehículos, una señora que salía quejándose del coche, la
policía que llegaba al instante, papeleo, interrogatorios… ¿para qué seguir, si
todo automovilista hijo de vecino, habrá vivido escenas similares? Simplemente
informar, para tranquilidad de todos, que la señora “malherida” y su marido no
precisaron ambulancia, ni presentaron denuncia, saldándose la infracción del
españolito con una multita de 90 DM.- (marcos alemanes). Cantidad discretita para
aquellos tiempos y aquellos pecados.
3ª- También
contemporizadora fue la policía alemana, aunque sin exención de la consiguiente
multa, en el accidentillo, más bien contratiempo, en el viaje último o de regreso
definitivo a España. Con el coche a tope, como era de rigor, una mañana de
riguroso enero alemán con el blanco de la nieve helada bordeando la carretera
que nos llevaba a la frontera, en una bajada, siguiendo a paso de tortuga a un
tractor al que se le ocurrió detener su marcha, los frenos de nuestro coche no
respondieron en la pista de hielo del asfalto y mansamente el parachoques y
capó del coche fueron a empotrarse en el pivote de enganche del remolque del tractor.
Pronta y predispuesta en su cometido solucionador acudió una pareja de tráfico,
tranquilizándonos al ver que tractor y tractorista siguieron impasibles su ruta y conduciéndonos
a un taller mecánico donde en una horita larga dejaron nuestro Opel apto para traspasar
la frontera. El papeleo se redujo a
pagar en el acto la consiguiente multita.
4ª- Sin haber tenido en él parte ni arte y haber quedado
todo en susto mortal fue el siguiente
episodio. Visto y no visto. Simplemente el recordarlo y después de la pila de
años transcurridos, todavía se pone la carne
de gallina. Por una de las carreteras secundarias del norte de Francia,
ascendíamos tranquilamente una leve pendiente, una vez más soñando camino de la
añorada “patrie”, cuando como a cien metros apareció bajando a todo trapo un
camión con el remolque dando bandazos y cubriendo casi por completo la calzada.
Horrorizado pensé en primer instante tirarme a la cuneta… ¿Existen ángeles de
la guarda? Cerrando estremecido los ojos y coincidiendo con el bandazo a su derecha,
ocurrió el milagro al pasar casi rozándonos el “monstruo suicida-asesino”, pudiendo
proseguir, al abrir los ojos nuestra milagrosa ascensión sin volver la vista
atrás, intentando recuperar la respiración y olvidar para siempre el día, hora
y circunstancia tan genialmente ilustrada y revivida por la mente fantasiosa de
Martín, el pequeño de la familia
Alonso-González.
Ilustración: Martín Alonso González (12 años) |
5ª- A la inversa, y siendo el infractor -¡una vez más!- este
humilde servidor, en el sur de Francia, ya enfilando hacía la frontera de Irún
y agradeciendo a la policía gala su amabilísima intervención, otro despiste de
este conductor pudo haber terminado en percance automovilístico de órdago a la grande.
Soñando ya con la sandía y el primer bocata español cruzábamos, como de
costumbre, con el coche a tope de pasajeros y mercancía, una pequeña población
con velocidad limitada a 50, cuando al girar
a la derecha, por calle central a hora muy transitada, el conductor soñador
cogió la curva a excesiva velocidad y acabó con un sonoro frenazo en la acera
de enfrente. Al instante acudió el gendarme de tráfico, quien al ver en el
pasaporte la nacionalidad de toda la familia, en tono paternal y conciliador,
tras echarnos una buena bronca nos deseó buenas vacaciones y feliz viaje. El
arrepentido infractor, como muestra de agradecimiento y arrepentimiento, en su
macarrónico francés, solo supo repetir: “Vous avez raison. Vous avez raison.”
6ª - Uno más de la serie, y también con la pareja en
solitario, por otra carretera del corazón de la France. Fecha de autos 23 de
Septiembre de 1964. Lugar de los mismos, otra carretera. Y regresando de la
celebración de mi doctorado en nuestra querida Salamanca en plena feria de San
Mateo. El primer incidente o del semáforo en rojo en Alemania, fue
una nimiedad comparado con el que pudo
haber sido el más grave, último y definitivo de la serie automovilística: “el
de la lucecita roja fantasmal” y el gigantesco,
caritativo y generoso árbol que demoró segundos su insólito derribo.
Tras 1.000 kms a la espalda, de una tacada
y pasando por alto áreas de descanso y paradas de rigor, no es de extrañar que
el fatigado e irresponsable conductor, falto de reflejos y visión se pasase por alto la señal luminosa de una
lucecita titilante de la policía en carretera estrecha y vacía anunciando el STOP.
¿Existen los milagros? titulaba
uno de los primeros capítulos “La escopeta de mi abuelo” de estas Semblanzas.
Aunque persista la interrogante de antaño, hoy puedo testimoniar que la suerte es
siempre nuestra aliada. Unos segundos después de cruzado el prohibido paso policial
cayó el gigantesco árbol que estaban talando y que pudo habernos aplastado.
7ª y última: “Todo hombre tiene páginas buenas
solo hace falta
saber pasar página de las malas”.
Pongamos punto final a esta serie de desventuras automovilísticas, y borremos de la memoria la infinidad de angustias, nerviosismos en los temibles cruces aduaneros fronterizos alemanes, franceses y españoles. “Interminables”, cual la Historia de Michael Ende, en la posbélica Europa del estraperlo y subdesarrollo.
Pongamos punto final a esta serie de desventuras automovilísticas, y borremos de la memoria la infinidad de angustias, nerviosismos en los temibles cruces aduaneros fronterizos alemanes, franceses y españoles. “Interminables”, cual la Historia de Michael Ende, en la posbélica Europa del estraperlo y subdesarrollo.
Un huequecito reservamos para una de las felices páginas aduaneras
en el histórico paso de Roncesvalles, dirección a la Navarra de un amigo de
Frankfurt. Una fortuita y casual coincidencia convirtió el nerviosismo habitual del
automovilista en una de las vivencias fronterizas de su larga carrera. Al
controlar el pasaporte, el guardia civil de turno exclamó inesperadamente
exultante: “¡¡¡Pero bueno!!!… ¡¡¡Que somos paisanos!!! No solamente el
paisanaje, ambos del ayuntamiento salmantino de San Pedro del Valle, incluso coincidente
el nombre de los padres de ambos: Benjamín. A pesar de la diferencia de edad y del distanciamiento profesional,
pasamos unos minutos agradables rememorando hechos y milagros de “nuestro
pueblo” y, pasando por alto protocolario
interrogatorio y registros aduaneros.
Final fortuito e inesperado, agridulce y digno de un correlindes por vías europeas.